La escasez de albañiles, carpinteros, electricistas y plomeros ya retrasa obras en todo el país. La jornada nacional de empleo que impulsan Acoprovi y el Ministerio de Trabajo es un primer paso, pero el reto exige una estrategia de largo plazo para dignificar y profesionalizar el oficio.
República Dominicana vive uno de los ciclos de inversión en construcción más intensos de su historia reciente. Torres residenciales que transforman el perfil de Santo Domingo y Santiago, complejos turísticos que se multiplican en Punta Cana, Miches, Cap Cana y la costa norte, nuevas cadenas hoteleras que firman acuerdos por miles de habitaciones y obras de infraestructura que buscan acompañar ese crecimiento. Sin embargo, detrás de cada grúa y de cada render que promete un nuevo proyecto hay una realidad que el sector ya no puede ocultar: no hay suficientes manos para construir todo lo que el país se ha propuesto levantar.
La Asociación Dominicana de Constructores y Promotores de Viviendas (Acoprovi) cifra en alrededor de 80,000 el número de trabajadores calificados que hoy le faltan a la construcción dominicana. La consecuencia es tangible y se siente en cada obra: cronogramas que se alargan, procesos constructivos que se ralentizan y dificultades crecientes para entregar los proyectos en las fechas comprometidas. No se trata de una advertencia sobre el futuro, sino de un problema que ya está afectando la capacidad de respuesta de una industria que necesita personal en áreas tan básicas como críticas, desde la carpintería y la albañilería hasta la electricidad, la plomería y los ayudantes de obra.
Un problema de percepción
La presidenta de Acoprovi, Annerys Meléndez, ha puesto el dedo en una llaga que va más allá de los números. A su juicio, una de las principales causas del déficit de mano de obra local es la falta de información entre los dominicanos sobre lo que hoy significa trabajar en la construcción, un empleo que, según sostiene, puede ser digno, seguro y bien remunerado.
Es una observación que merece reflexión. Durante décadas, el trabajo en obra ha cargado con un estigma en la sociedad dominicana, asociado a la informalidad, a la precariedad, a la falta de protección social y a la idea de que se trata de un empleo de última opción. Muchos jóvenes han preferido la economía informal, los servicios o incluso la emigración antes que aprender un oficio en la construcción, y esa distancia ha ido ensanchando una brecha que el sector ha cubierto, en buena medida, con mano de obra extranjera, un tema que forma parte del debate público y que añade complejidad a cualquier solución.
Cambiar esa percepción no será tarea de una campaña, sino de hechos concretos que demuestren a las nuevas generaciones que un buen albañil, un electricista certificado o un plomero especializado pueden construir una carrera estable, con ingresos competitivos y con la posibilidad de crecer profesionalmente.
Una jornada para atraer talento nacional
Para enfrentar esta situación, Acoprovi y el Ministerio de Trabajo anunciaron la Primera Jornada Nacional del Empleo por la Construcción, que se celebrará el próximo 19 de noviembre en el marco de Construyendo RD, la plataforma impulsada por la asociación para formar mano de obra y facilitar oportunidades laborales en el sector.
La propuesta está dirigida especialmente a los jóvenes dominicanos y ofrece condiciones que buscan romper con la imagen tradicional del trabajo en obra: salarios que van desde 35,000 hasta 83,000 pesos mensuales en puestos especializados, una garantía mínima de tres meses de empleo y acceso pleno a la seguridad social. Son cifras que, en muchos casos, superan los ingresos de empleos en otros sectores que tradicionalmente atraen a la juventud, y que por sí solas deberían despertar el interés de quienes buscan una oportunidad laboral estable.
La iniciativa es valiosa y oportuna, pero conviene entenderla como lo que es: un punto de partida. Un déficit de 80,000 trabajadores no se resuelve en una jornada, sino con una política sostenida que articule formación, incentivos, formalización y visión de futuro.
El costo de no tener quién construya
El impacto de la escasez de mano de obra va mucho más allá de las propias obras. Como hemos venido reportando en InCaribe Media, los costos directos de la construcción de viviendas en la Región Metropolitana acumulan un alza de 6.42 % en el último año, según el índice que publica la Oficina Nacional de Estadística. Curiosamente, en ese mismo indicador la mano de obra se mantuvo sin variación en septiembre, lo que sugiere que la presión del déficit todavía no se refleja plenamente en los salarios registrados, pero sí en algo igual de costoso: el tiempo.
Cada mes de retraso en una obra tiene un precio. Para el desarrollador, significa costos financieros más altos, márgenes más estrechos y tensiones con los compradores que esperan sus unidades. Para el comprador, especialmente el que adquirió en planos, implica aplazar mudanzas, rentas o retornos de inversión. Y para el país, supone que proyectos turísticos, residenciales y de infraestructura tardan más en generar empleos permanentes, ingresos fiscales y actividad económica.
El problema adquiere una dimensión aún mayor si se observa lo que viene. Solo en el ámbito hotelero, Accor anunció recientemente acuerdos que suman 5,535 habitaciones para República Dominicana, a los que se agregan los planes de expansión de otras cadenas y una cartera inmobiliaria que no deja de crecer en los principales polos turísticos. Todo ese desarrollo requerirá decenas de miles de trabajadores capacitados en los próximos años, y si el déficit no se corrige, el riesgo es que la falta de manos termine convirtiéndose en el principal freno de la expansión.
Lo que el país necesita
Superar este desafío exige un esfuerzo coordinado entre el sector privado, el Estado y el sistema educativo. En primer lugar, la formación técnica debe ocupar un lugar central. Instituciones como el Infotep, los politécnicos y las escuelas vocacionales tienen la capacidad de preparar a miles de jóvenes en oficios de la construcción, pero necesitan programas alineados con las demandas reales de las obras, prácticas en proyectos activos y una vinculación directa con las empresas que contratarán a los egresados.
En segundo lugar, la certificación de competencias puede marcar una diferencia importante. Un trabajador certificado no solo accede a mejores salarios, sino que aporta calidad y seguridad a las obras, algo especialmente relevante en un país que ha sido testigo de la importancia de construir con rigor técnico. Reconocer formalmente la experiencia de quienes ya trabajan en el sector, muchos de ellos con años de oficio pero sin documentos que lo acrediten, sería una forma de valorar su trayectoria y elevar el estándar de la industria.
En tercer lugar, la formalización debe dejar de ser una excepción. La garantía de seguridad social que plantea la jornada de Acoprovi es un mensaje acertado, porque ningún joven elegirá un oficio que no le ofrezca protección ante accidentes, cobertura de salud y aportes para su retiro. Las empresas que apuesten por condiciones laborales dignas no solo cumplirán con la ley, sino que tendrán una ventaja competitiva para atraer y retener talento en un mercado donde el trabajador calificado será cada vez más escaso.
Finalmente, el sector debe abrirse con más decisión a la innovación. Los sistemas constructivos industrializados, los elementos prefabricados y las nuevas tecnologías pueden aumentar la productividad por trabajador y reducir la dependencia de tareas intensivas en mano de obra. A ello se suma una oportunidad todavía poco explorada: la incorporación de más mujeres a los oficios de la construcción, un talento que en otros países ha demostrado su capacidad en áreas como las instalaciones eléctricas, los acabados y la supervisión de obra.
Construir el futuro empieza por quienes construyen
República Dominicana ha logrado posicionarse como uno de los destinos más atractivos del Caribe para invertir en turismo e inmobiliaria. Esa confianza se construyó con estabilidad, visión y capacidad de ejecución, pero mantenerla requerirá algo más que capital y proyectos. Requerirá gente preparada para hacerlos realidad.
La Primera Jornada Nacional del Empleo por la Construcción es una señal positiva de que el sector reconoce el problema y está dispuesto a enfrentarlo. El reto ahora es convertir esa señal en una política permanente que devuelva al oficio de la construcción el prestigio que merece, porque detrás de cada torre, cada hotel y cada vivienda que transforma el país hay manos dominicanas que pueden y deben ser protagonistas de ese desarrollo.
Joan G. Feliz
Director General y Editorial | InCaribe Media
Especialista en turismo, inversión, construcción y desarrollo de destinos en República Dominicana y el Caribe.
