Datos de la ONE muestran que apenas una cuarta parte de los hogares está conectada al alcantarillado, una proporción que prácticamente no ha cambiado en casi una década, mientras las torres residenciales se multiplican y el gasto público en aguas residuales se reduce.
Por Redacción InCaribe Media
Santo Domingo.- República Dominicana vive uno de los ciclos de construcción más intensos de su historia reciente, con nuevas torres residenciales, proyectos turísticos y desarrollos inmobiliarios en prácticamente todas las regiones del país. Sin embargo, bajo la superficie de ese crecimiento persiste un rezago que rara vez aparece en los folletos de venta: la mayoría de las viviendas dominicanas sigue resolviendo la disposición de sus aguas residuales por cuenta propia, sin conexión a una red pública de alcantarillado.
Según el Anuario de Estadísticas Ambientales 2025 de la Oficina Nacional de Estadística (ONE), elaborado con datos de la Encuesta Nacional Continua de Fuerza de Trabajo, en 2024 solo el 24.70 % de las viviendas tenía el inodoro conectado al alcantarillado, mientras que el 75.30 % utilizaba pozo séptico. Dicho de otra forma, tres de cada cuatro hogares del país dependen de un sistema individual para gestionar sus desechos sanitarios.
Una década prácticamente sin avances en la conexión
Lo más revelador de la serie estadística no es la cifra en sí, sino su inmovilidad. En 2016, la proporción de hogares conectados a la red era de 24.93 %, y a lo largo de los nueve años analizados el indicador apenas se movió entre un mínimo de 23.84 % en 2017 y un máximo de 26.37 % en 2019. En un período en el que el país transformó su perfil urbano, la cobertura del alcantarillado sanitario se mantuvo, en la práctica, congelada.
Ese estancamiento contrasta con los progresos en las instalaciones dentro de los hogares. De acuerdo con el mismo anuario, los hogares urbanos con inodoro de uso privado pasaron del 83.88 % en 2016 al 93.01 % en 2024, y en las zonas rurales la proporción subió del 52.78 % al 77.58 %, al tiempo que el uso de letrinas privadas cayó del 35.14 % al 13.92 %. Es decir, cada vez más viviendas cuentan con baños modernos, pero las aguas que generan siguen terminando, en su gran mayoría, en el subsuelo de la propia propiedad.
La ONE no explica las razones de esa brecha entre disponibilidad de instalaciones sanitarias y conexión a una red colectiva, pero especialistas del sector la vinculan directamente con el ritmo de la construcción.
La ciudad crece más rápido que sus tuberías
El ingeniero sanitario Raymond Martínez, presidente de Sistemas Hidrosanitarios & Asesoría Ambiental (SIHISA), ha explicado que parte del desfase se debe a que la infraestructura sanitaria no se ha expandido al mismo ritmo que los nuevos proyectos inmobiliarios. Según el especialista, en ciudades como el Gran Santo Domingo y Santiago, donde la actividad constructiva ha crecido de forma notable, las redes de alcantarillado sanitario se mantienen prácticamente sin cambios frente a la nueva demanda.
El ejemplo que cita es elocuente. En Gazcue, uno de los sectores tradicionales del Distrito Nacional, existen tuberías de alcantarillado de alrededor de un siglo de antigüedad, pese a que en ese tiempo se han levantado nuevas torres residenciales y han aumentado las descargas de aguas residuales. El fenómeno se repite en otros sectores donde la densificación vertical ha sustituido casas unifamiliares por edificios de decenas de apartamentos, multiplicando el caudal que llega a redes concebidas para otra época.
Martínez subraya además un matiz técnico que suele pasar desapercibido en el debate público: la capacidad de un sistema sanitario no se mide solo por los kilómetros de tubería instalados. Una cosa son los colectores, que recogen y transportan las aguas residuales, y otra las plantas de tratamiento, donde esas aguas deben procesarse antes de su disposición final. Ampliar una sin la otra solo traslada el problema de lugar. A su juicio, el aumento de viviendas con inodoro ha generado más efluentes domésticos sin una expansión equivalente ni de las redes de recolección ni de la capacidad de tratamiento, algo que relaciona en parte con la limitada inversión estatal en saneamiento.
El riesgo invisible: los acuíferos
La dependencia de los pozos sépticos no es solo un asunto de infraestructura urbana, sino también ambiental. El ingeniero explica que estos sistemas pueden tener una o dos cámaras y suelen complementarse con pozos filtrantes que permiten que los líquidos se infiltren en el subsuelo. En zonas sin red sanitaria, ese mecanismo puede provocar contaminación de las aguas subterráneas, aunque el especialista aclara que la magnitud del riesgo depende de las características del terreno y de cómo se construyan y operen las instalaciones.
El punto es especialmente sensible en un país donde los acuíferos son fuente de abastecimiento para numerosas comunidades. Un pozo séptico bien diseñado, con la separación adecuada respecto de fuentes de agua y un mantenimiento periódico, no representa el mismo riesgo que uno construido sin criterios técnicos en un suelo muy permeable o con el nivel freático cercano a la superficie. La diferencia, sin embargo, rara vez es visible para el comprador de una vivienda.
Menos recursos para un problema mayor
A este panorama se añade un dato fiscal que llama la atención. Según el Boletín de Estadísticas Ambientales No. 10 de la ONE, los recursos registrados en el renglón de ordenación de aguas residuales, drenaje y alcantarillado bajaron de RD$7.72 millones en 2023 a RD$2.54 millones en 2024, una reducción del 67.09 %. Con esas cifras, el monto de 2024 representó apenas alrededor del 0.03 % del gasto ambiental total de ese año, que sumó RD$8,620.59 millones. Cabe precisar que el boletín no identifica qué obras ni qué instituciones abarca esa categoría, por lo que la cifra debe leerse con cautela, pero la tendencia apunta en dirección contraria a la que exigiría el crecimiento urbano.
Lo que significa para el sector inmobiliario
Para desarrolladores, inversionistas y compradores, estos datos tienen implicaciones concretas. En primer lugar, la solución sanitaria de un proyecto deja de ser un detalle técnico y se convierte en un factor de valor. Un desarrollo con planta de tratamiento propia, con conexión garantizada a una red con capacidad suficiente o con sistemas sépticos diseñados y certificados por especialistas ofrece una ventaja real frente a otro que traslada el problema al subsuelo sin mayores previsiones. Preguntar cómo se gestionan las aguas residuales debería formar parte de cualquier proceso de compra, al mismo nivel que la ubicación, los acabados o las condiciones de financiamiento.
En segundo lugar, la densificación vertical de sectores consolidados como Gazcue, Naco, Piantini o los ensanches de Santiago plantea un desafío de planificación que no puede resolverse proyecto por proyecto. Si las redes no se amplían al ritmo de las licencias de construcción, el costo terminará trasladándose a los residentes en forma de averías, malos olores, contaminación o, en el peor de los casos, restricciones futuras al desarrollo.
En tercer lugar, el tema tiene una dimensión turística que no puede ignorarse. Los polos turísticos y de segunda vivienda, desde Punta Cana y Cap Cana hasta Las Terrenas, Miches o Pedernales, dependen de la calidad de sus playas, ríos y acuíferos. La experiencia de otros destinos del Caribe demuestra que la degradación ambiental puede erosionar en poco tiempo la competitividad de un lugar, y que el saneamiento, aunque no se vea, es parte esencial del producto turístico. Como analizamos recientemente en InCaribe Media a propósito de la caída de Tulum, el crecimiento sin infraestructura de soporte termina pasando factura, tanto a los destinos como a quienes invierten en ellos.
Una agenda pendiente
Las estadísticas de la ONE confirman, en definitiva, que la proporción de viviendas conectadas a la red sanitaria se ha mantenido estable durante casi una década, aun cuando los hogares con inodoro privado aumentaron de forma significativa y el país vivió un auge constructivo sin precedentes. Cerrar esa brecha exigirá inversión pública sostenida en colectores y plantas de tratamiento, una planificación urbana que vincule las licencias de construcción con la capacidad real de las redes y normas técnicas más rigurosas para los sistemas individuales allí donde el alcantarillado no llega.
Mientras tanto, el pozo séptico seguirá siendo la realidad de tres de cada cuatro hogares dominicanos, un recordatorio de que el desarrollo inmobiliario no se mide solo en metros cuadrados construidos, sino también en la infraestructura invisible que hace sostenible a una ciudad.
