España no solo construye hoteles, ahora compra casas

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Durante más de tres décadas, hablar de inversión española en República Dominicana era hablar de hoteles. Meliá, Iberostar, Barceló, Riu, Bahía Príncipe, Lopesan y otras cadenas españolas ayudaron a levantar buena parte de la planta hotelera que hoy convierte al país en el destino más visitado del Caribe. Esa historia es conocida y está bien documentada. Lo que no se ha contado con la misma claridad es el capítulo que se está escribiendo ahora: el español ya no viene solo a construir y operar hoteles, sino también a comprar viviendas, apartamentos y villas para disfrutarlas, rentarlas y convertirlas en parte de su patrimonio.

Los números confirman ese cambio. En 2025, por primera vez, España se colocó como el principal inversor extranjero en República Dominicana, por delante de Estados Unidos, con un flujo de inversión extranjera directa de US$1,086.1 millones, equivalente al 21.5 % de los US$5,032 millones que recibió el país, según el análisis de la Cámara de Comercio de España en la República Dominicana a partir de cifras del Banco Central. Y dentro de ese total hay un dato que merece especial atención: la inversión española en el sector inmobiliario creció 34.7 % en un solo año, hasta alcanzar US$299.4 millones.

Del hotel a la vivienda

Para dimensionar ese salto basta mirar la tendencia de mediano plazo. La inversión española en el país pasó de US$354.5 millones en 2019 a más de US$1,100 millones en 2024, un crecimiento superior al 200 % en apenas cinco años. Aunque el turismo y las energías renovables siguen concentrando la mayor parte de ese capital, la presencia española en bienes raíces, construcción y servicios financieros se ha vuelto cada vez más visible.

Ese movimiento tiene una lógica muy clara. Durante años, el capital corporativo español abrió el camino con hoteles, y detrás de esos hoteles llegaron millones de turistas españoles que conocieron el país, se sintieron cómodos y volvieron. En 2024 viajaron a República Dominicana más de 182,000 residentes en España, con una estadía media de 17 días, más del doble del promedio general de los visitantes extranjeros. Ese dato es clave: quien se queda más de dos semanas no es un turista de paso, sino alguien que empieza a imaginarse viviendo aquí una parte del año.

El paso siguiente es natural. Muchos de esos viajeros terminan comprando. En Larimar City, el desarrollo impulsado por el grupo español CLERHP en Punta Cana, los españoles han representado cerca del 24 % de los compradores de viviendas desde enero de 2025. Y en los últimos meses se han conocido inversiones de figuras públicas españolas, incluidos varios exdeportistas, en desarrollos residenciales de lujo en el país, un tipo de noticia que, más allá de lo anecdótico, ayuda a posicionar a República Dominicana en la conversación de los inversionistas en España.

Por qué el español se siente en casa

Hay razones evidentes que explican esta preferencia. El idioma, la cultura y la afinidad histórica reducen las barreras que suelen frenar a un comprador extranjero. La conectividad aérea entre Madrid y Santo Domingo o Punta Cana es amplia y constante. Y la rentabilidad acompaña: según Global Property Guide, el rendimiento bruto por alquiler en el país pasó de 6.74 % a mediados de 2024 a 9.21 % en el tercer trimestre de 2026, una cifra difícil de encontrar en las costas españolas, donde los precios han subido con fuerza y la rentabilidad se ha comprimido.

A eso se suma un factor menos visible, pero muy valorado por los patrimonios españoles: el Convenio para Evitar la Doble Imposición entre España y República Dominicana, que permite optimizar la tributación y evitar pagar impuestos dos veces por la misma renta. Junto con los incentivos de la Ley 158-01 de fomento al desarrollo turístico, este marco convierte al país en una opción que combina disfrute personal, rentabilidad y eficiencia fiscal.

La banca dominicana también ha entendido la oportunidad. Banreservas celebró en mayo su feria inmobiliaria en Madrid, abierta no solo a los dominicanos residentes en Europa, sino también a extranjeros interesados en invertir en el país, con la participación de constructoras y desarrolladores de distintas regiones. Y cada enero, FITUR se ha convertido en una vitrina donde los proyectos inmobiliarios turísticos dominicanos se presentan directamente ante fondos, desarrolladores y compradores españoles.

Un comprador distinto

El inversionista español que llega hoy al mercado inmobiliario dominicano tiene un perfil muy particular. No busca únicamente una segunda residencia para pasar el invierno, ni se limita a especular con la reventa. Busca un activo que pueda disfrutar algunas semanas al año, rentar el resto del tiempo y conservar como patrimonio a largo plazo. Es un comprador informado, que compara rentabilidades con lo que obtendría en Málaga, Alicante o Canarias, y que valora especialmente la seguridad jurídica, la transparencia en los contratos y la calidad de la administración de la propiedad.

Hace poco leí en InCaribe Media un artículo sobre el auge del capital español en el turismo inmobiliario dominicano, y una de sus conclusiones me pareció especialmente acertada: el español ya no compra solo por el clima o por la playa, sino porque ha aprendido a leer los números del país y le gusta lo que ve. Esa es, quizás, la mejor señal de madurez que puede tener un mercado.

Lo que el país debe cuidar

Este momento es una oportunidad que conviene administrar bien. Que España lidere la inversión extranjera es un reconocimiento a la estabilidad dominicana, pero la confianza de un comprador se construye y se pierde en cada operación. Por eso es fundamental fortalecer la seguridad registral, profesionalizar aún más la intermediación inmobiliaria, garantizar que los proyectos cumplan con lo que prometen en precios y plazos de entrega, y asegurar que los programas de renta funcionen con transparencia.

También es necesario mirar más allá de Punta Cana. El comprador español ya conoce bien el Este, pero destinos como Puerto Plata, Samaná, Las Terrenas, Juan Dolio o Miches tienen todo para atraer a un perfil europeo que valora la autenticidad, la naturaleza y la tranquilidad. Promoverlos de forma activa en España puede ayudar a distribuir mejor la inversión y el desarrollo en el territorio.

Una relación que cambia de escala

La relación entre España y República Dominicana siempre ha sido profunda, pero hoy está cambiando de escala. Lo que empezó como una apuesta empresarial por la hotelería se está transformando en una relación patrimonial, en la que miles de familias españolas deciden que una parte de su futuro esté en esta isla. Eso habla bien del país, de su estabilidad y de su capacidad para generar confianza.

España no solo construye hoteles en República Dominicana. Ahora también compra casas. Y cuando un inversionista decide comprar su propia vivienda en un país, no está haciendo una apuesta de corto plazo: está diciendo que cree en ese lugar. Ese es el mensaje que debemos saber escuchar y aprovechar.

Joan G. Feliz
Director General y Editorial | InCaribe Media

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