El mar como estadio: los deportes náuticos y el próximo gran salto del turismo dominicano

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Durante décadas, la imagen que el mundo tuvo de República Dominicana fue la de un mar tranquilo, de aguas turquesas, ideal para descansar frente a una piscina o bajo una palmera. Esa imagen nos trajo millones de visitantes y construyó una de las industrias turísticas más exitosas del hemisferio. Pero también dejó en segundo plano una verdad que los deportistas del mundo conocen desde hace tiempo: el mar dominicano no es solo un paisaje para mirar, sino un escenario para vivir. Es viento constante, olas consistentes, arrecifes llenos de vida, naufragios con siglos de historia, bahías protegidas y aguas profundas donde nadan algunos de los peces más codiciados del planeta.

Hoy, ese otro rostro del mar dominicano está ganando protagonismo como nunca antes. En apenas unos meses, el país ha recibido las competencias de surf de los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Playa Encuentro, la edición número 21 del Master of the Ocean en Cabarete, el lanzamiento de una campaña internacional para posicionar a Cabarete como ciudad del surf y el viento, y se prepara para recibir en Miches, en noviembre, la Final Mundial de OCEANMAN, con más de 4,000 nadadores de aguas abiertas. No se trata de hechos aislados. Es la señal de que República Dominicana está empezando a convertir su mar en un estadio, y de que los deportes náuticos pueden ser el próximo gran salto de su turismo.

Un país hecho para el agua

Pocos países del Caribe reúnen la variedad de condiciones náuticas que ofrece República Dominicana. La costa norte, abierta al Atlántico, recibe los vientos alisios con una regularidad que la ha convertido en un paraíso para el kitesurf, el windsurf y el wing foil. Sus playas reciben olas consistentes durante buena parte del año, ideales para el surf. La costa sur y el Este, bañados por el mar Caribe, ofrecen aguas más calmadas, arrecifes de coral, islas protegidas y fondos marinos perfectos para el buceo y el snorkel. Y en el canal de la Mona, entre el Este dominicano y Puerto Rico, las corrientes profundas atraen a marlines, dorados y atunes que hacen del país un destino codiciado para la pesca deportiva.

Esa diversidad es una ventaja competitiva enorme. Un mismo país puede ofrecer, en un radio de pocas horas, una mañana de surf en Playa Encuentro, una tarde de kitesurf en Cabarete, una inmersión en un naufragio en Bayahíbe, una jornada de pesca de altura en Cap Cana o una travesía de nado en aguas abiertas en Miches. Muy pocos destinos del mundo pueden decir lo mismo, y menos aún con la conectividad aérea, la infraestructura hotelera y la estabilidad que tiene República Dominicana.

El problema es que, durante mucho tiempo, esta riqueza se promovió de manera fragmentada, como un complemento de la oferta de sol y playa y no como un producto en sí mismo. Eso está empezando a cambiar, y el cambio llega en el momento justo.

Cabarete, la capital del viento

Si hay un lugar que resume el potencial de los deportes náuticos en República Dominicana, ese lugar es Cabarete. Este distrito municipal de Sosúa, en la provincia de Puerto Plata, es reconocido internacionalmente como la capital del viento del Caribe y uno de los mejores destinos del planeta para los deportes de vela y viento. Su bahía, protegida por un arrecife de coral, ofrece una combinación natural difícil de igualar.

La magia de Cabarete está en su rutina diaria. En las primeras horas de la mañana, el viento es suave y el mar permanece en calma, lo que ofrece un escenario perfecto para el surf en la cercana Playa Encuentro, considerada la meca de las olas en el país. A partir del mediodía, las corrientes térmicas activan ráfagas de entre 15 y 20 nudos que transforman la bahía en el reino del kitesurf, el windsurf y el wing foil. Esa regularidad, sumada a la temperatura cálida del agua durante todo el año, ha convertido a Cabarete en el lugar donde marcas internacionales prueban sus equipos y atletas de élite vienen a entrenar.

El calendario deportivo de este año confirma esa vocación. En junio, la escuela Water Club, en el Hotel Villa Taína, celebró su Pro Clinic con algunos de los atletas más destacados del mundo en windsurf, kitesurf y wing foil. En julio, el Cabarete Classic Pablito Guzmán, el evento nacional más importante del género, llegó a su decimoséptima edición con más de 80 competidores. Ese mismo mes, Playa Encuentro recibió a más de 70 atletas de la región en las pruebas de surf de los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, en las modalidades de shortboard, longboard y SUP surf. Y en septiembre, el Master of the Ocean celebró su vigésima primera edición con atletas de más de una docena de países compitiendo en kitesurf, wing foil, surf, stand up paddle y windsurf.

A todo eso se suma la decisión del Ministerio de Turismo de lanzar en Miami Beach la campaña internacional “Cabarete Surf and Wind City”, con la que busca posicionar a Cabarete entre los principales destinos del mundo para el surf, el kitesurf y el windsurf, y atraer a viajeros de aventura de las Américas, Europa y el Caribe. El ministro David Collado ha explicado que la iniciativa forma parte de la estrategia de diversificar la oferta turística más allá del sol y playa, promoviendo experiencias activas, auténticas y vinculadas a la naturaleza.

Es una apuesta acertada. Cabarete fue pionero de los deportes de viento en el Caribe, vivió años de gloria, pasó por una etapa de menor dinamismo y hoy está viviendo un renacimiento visible, con nuevos proyectos inmobiliarios, eventos culturales como su festival de jazz y una renovada oferta de hoteles boutique, escuelas y restaurantes. Los deportes acuáticos fueron los que mantuvieron viva su esencia durante los años difíciles, y hoy son la base sobre la cual se está construyendo su nueva etapa.

Miches y la final mundial de OCEANMAN

El otro gran hito del año es la Final Mundial de OCEANMAN, el circuito internacional de natación en aguas abiertas más importante del mundo, que tendrá como sede las playas de Miches en noviembre de 2026. El anuncio se hizo en FITUR, en Madrid, y tiene un peso enorme: durante los tres años anteriores, la final se había celebrado en los Emiratos Árabes Unidos. Que República Dominicana le haya arrebatado esa sede a uno de los destinos más poderosos del mundo en la organización de eventos dice mucho del momento que vive el país.

El impacto es directo. La competencia reunirá a más de 4,000 nadadores, a los que se suman sus acompañantes, entrenadores, familiares, organizadores y medios de comunicación. Son miles de visitantes llegando en un mismo momento a un destino emergente, ocupando habitaciones, consumiendo en restaurantes, contratando transporte y, sobre todo, conociendo un lugar que muchos de ellos probablemente no habían considerado antes. Y no son visitantes cualquiera: el nadador de aguas abiertas suele tener un perfil de alto poder adquisitivo, viaja con frecuencia y elige destinos que combinen deporte, naturaleza y calidad de servicio.

Para Miches, el evento llega en el momento ideal. El destino ya dejó de ser una promesa y está consolidándose con la llegada de marcas hoteleras internacionales y nuevos proyectos residenciales. Una final mundial le da algo que ninguna campaña publicitaria puede comprar: miles de embajadores que regresarán a sus países hablando del lugar donde nadaron, y una cobertura internacional que pondrá el nombre de Miches en las pantallas de deportistas de todo el mundo.

Además, OCEANMAN ya tenía raíces en el país gracias a su edición en Bayahíbe, que ha servido para desarrollar una comunidad de nadadores dominicanos de aguas abiertas, algunos de los cuales han logrado clasificar a finales mundiales y subir a podios internacionales. Es un ejemplo de cómo un evento internacional bien gestionado no solo atrae turistas, sino que también impulsa el desarrollo del deporte local.

Bajo la superficie: el buceo como producto turístico

Si la costa norte es el reino del viento, la costa sur y el Este son el paraíso del buceo. Bayahíbe es considerado uno de los mejores lugares para bucear en República Dominicana, con condiciones de mar generalmente favorables, arrecifes cercanos a la costa y la protección del Parque Nacional del Este, que incluye la isla Saona. Allí, los buceadores pueden explorar el Atlantic Princess, un naufragio poco profundo accesible para buceadores de todos los niveles, y el St. George, un impresionante barco hundido a mayor profundidad para buceadores con más experiencia. Cerca de Saona también es posible observar tiburones nodriza, y la zona cuenta con cuevas de agua dulce para buceadores certificados en espeleobuceo.

Frente a La Romana, la isla Catalina ofrece algunos de los sitios de inmersión más reconocidos del Caribe, como su famosa pared y el arrecife conocido como el Acuario. Y en sus aguas descansa una de las historias más fascinantes del Caribe: los restos del Quedagh Merchant, el último barco capturado por el pirata inglés William Kidd en el siglo XVII, descubierto en 2007 a unos 20 metros de profundidad, después de pasar tres siglos sumergido. Sus cañones y anclas forman hoy un museo submarino vivo que muy pocos destinos del mundo pueden ofrecer.

El Este también ofrece el Museo Subacuático Igneri Caribe Taíno, con esculturas inspiradas en la cultura de nuestros pueblos originarios, mientras que en el norte, Montecristi y Las Galeras, en Samaná, guardan naufragios y arrecifes que todavía están lejos de ser aprovechados plenamente. Y en el suroeste, Pedernales ofrece la posibilidad de observar tortugas carey en su hábitat natural.

El buceo es, además, un producto turístico especialmente valioso. El buceador certificado viaja específicamente para bucear, se queda varios días, contrata servicios especializados, paga por cursos y certificaciones, y suele regresar si la experiencia fue buena. Es un turismo que exige conservación, porque sin arrecifes sanos no hay producto, y que por eso mismo puede convertirse en un aliado de la protección del medio ambiente marino.

La pesca deportiva y el mundo de las marinas

Ningún análisis de los deportes náuticos dominicanos estaría completo sin la pesca deportiva, una de las actividades con mayor impacto económico por visitante. Las aguas del Este y del canal de la Mona son reconocidas internacionalmente por la presencia de marlín azul y marlín blanco, y los torneos que se celebran en Cap Cana, Casa de Campo, Puerto Bahía en Samaná y el Club Náutico de Santo Domingo atraen cada año a pescadores de Estados Unidos, Puerto Rico, Venezuela y otros países del Caribe.

Esta actividad está estrechamente ligada al desarrollo de las marinas, un tema que he abordado en columnas anteriores. Según la Asociación Dominicana de Marinas Deportivas y Clubes Náuticos, en 2023 llegaron al país más de 3,000 embarcaciones, y la actividad de navegación moviliza alrededor de US$150 millones al año. Cada embarcación de pesca deportiva que llega trae consigo tripulación, invitados, consumo de combustible, servicios de mantenimiento, restaurantes, hospedaje y, con mucha frecuencia, el interés de sus propietarios por adquirir una propiedad cerca de la marina donde atracan.

La vela también tiene un espacio creciente. Regatas como la Bannister’s Cup, celebrada este año en Samaná, buscan incorporar a República Dominicana al circuito regional de vela crucero, un segmento que en islas como Antigua, San Martín o las Islas Vírgenes Británicas mueve cada año miles de visitantes de alto poder adquisitivo.

Más que deporte: un motor económico

Lo que hace a los deportes náuticos tan valiosos para el país no es solo el espectáculo que generan, sino el tipo de turismo que atraen. El viajero deportivo es diferente al turista convencional en varios aspectos fundamentales.

En primer lugar, se queda más tiempo. Un kitesurfista que viene a Cabarete no lo hace por tres noches; suele quedarse una o dos semanas, a veces un mes completo, porque necesita días de viento y tiempo para progresar. Lo mismo ocurre con el buceador que viene a completar un curso o con el surfista que persigue una temporada de olas.

En segundo lugar, gasta en servicios especializados. Clases, alquiler de equipos, guías, embarcaciones, reparaciones, tiendas especializadas, fisioterapia, alimentación saludable y alojamiento cerca del agua. Ese gasto se distribuye entre pequeños y medianos negocios locales, muchos de ellos administrados por dominicanos, que de otra forma difícilmente existirían.

En tercer lugar, es un turista que regresa. El deportista que encuentra un buen lugar para practicar su disciplina lo convierte en su destino recurrente. Vuelve año tras año, trae amigos, recomienda el lugar en sus comunidades y, con el tiempo, empieza a pensar en quedarse más tiempo.

Y en cuarto lugar, rompe la estacionalidad. Los vientos de Cabarete soplan con fuerza en meses en que otros destinos del Caribe tienen menor demanda. Las mejores temporadas de olas, de buceo y de pesca no siempre coinciden con la temporada alta tradicional, lo que permite llenar habitaciones y mantener empleos durante todo el año.

Hace poco leí en InCaribe Media un reportaje sobre el crecimiento del turismo deportivo en la costa norte, y uno de sus planteamientos me pareció especialmente acertado: el deporte náutico no compite con el turismo de sol y playa, lo completa, porque atrae a un visitante que busca vivir el destino y no solo contemplarlo.

El vínculo con el turismo inmobiliario

Para quienes trabajamos en el desarrollo inmobiliario, los deportes náuticos representan una oportunidad que todavía no se ha dimensionado por completo. Los destinos que se convierten en referentes de un deporte generan comunidades. Y las comunidades generan demanda de vivienda.

Basta mirar lo que ha ocurrido en lugares como Tarifa, en España, capital europea del kitesurf; en Maui, en Hawái, referente mundial del windsurf; o en Ericeira, en Portugal, convertida en reserva mundial del surf. En todos esos lugares, el deporte atrajo primero a los atletas, después a los aficionados, luego a los nómadas digitales y profesionales que querían vivir cerca del agua, y finalmente a los inversionistas que entendieron el valor de una comunidad con identidad propia. El resultado fue un mercado inmobiliario dinámico, con propiedades muy demandadas tanto para residencia como para alquiler.

Cabarete tiene todos los ingredientes para recorrer ese mismo camino, y de hecho ya lo está haciendo. Los nuevos proyectos residenciales en la zona, el regreso de eventos culturales de calidad y la llegada de un perfil de visitante internacional joven, activo y con capacidad de trabajar a distancia están transformando la demanda. Lo mismo puede ocurrir en Las Terrenas, donde el kitesurf y el surf conviven con una comunidad internacional ya consolidada; en Bayahíbe, donde el buceo atrae a un visitante europeo fiel; y en Miches, donde la final de OCEANMAN puede funcionar como una vitrina global para un destino que está en plena expansión.

El inversionista que compra cerca de un spot deportivo de calidad no solo adquiere una propiedad frente al mar. Adquiere acceso a una comunidad, a un estilo de vida y a una demanda de alquiler que se sostiene por razones que van más allá de la temporada turística tradicional. En un país donde el rendimiento bruto por alquiler llegó a 9.21 % en el tercer trimestre de 2026, según Global Property Guide, los destinos con identidad deportiva tienen todo para ubicarse entre los más atractivos.

El impacto en las comunidades

Los deportes náuticos tienen también una dimensión social que merece destacarse. A diferencia de otros segmentos turísticos más concentrados en grandes complejos, el turismo deportivo tiende a distribuir sus beneficios en las comunidades locales. Las escuelas de kitesurf y surf de Cabarete emplean instructores dominicanos, muchos de los cuales comenzaron practicando el deporte en su niñez y hoy compiten a nivel internacional. El buceo genera empleo para guías, capitanes, marineros y técnicos. La pesca deportiva demanda tripulaciones, mecánicos y proveedores.

Más aún, el deporte náutico puede convertirse en una vía de desarrollo para jóvenes de las comunidades costeras. Los atletas dominicanos que hoy brillan en competencias de windsurf foil, kitesurf o natación en aguas abiertas son la prueba de que existe talento local con capacidad de competir en el más alto nivel. Programas de formación, becas deportivas y escuelas comunitarias pueden multiplicar ese talento y convertirlo en oportunidades profesionales, tanto en el deporte como en la industria turística que lo rodea.

También hay un vínculo directo con la conservación. Un destino que vive del buceo necesita arrecifes sanos. Un destino que vive del surf necesita playas limpias y bien gestionadas. Un destino que vive de la pesca deportiva necesita poblaciones de peces sostenibles, y por eso muchos torneos ya aplican la práctica de captura y liberación. Los deportes náuticos, bien gestionados, son aliados naturales de la protección del medio ambiente marino, porque su negocio depende directamente de él.

Lo que hace falta para dar el salto

Si República Dominicana quiere convertirse en una potencia de los deportes náuticos, hay varias tareas pendientes que conviene abordar con visión de largo plazo.

La primera es la planificación de un calendario anual de eventos. Los grandes destinos deportivos del mundo no dependen de eventos aislados, sino de calendarios estables que se repiten año tras año y que los deportistas pueden planificar con anticipación. República Dominicana tiene la oportunidad de articular un calendario náutico nacional que combine competencias de surf, kitesurf, windsurf, vela, natación en aguas abiertas, buceo y pesca deportiva, distribuido a lo largo del año y en distintos destinos del país.

La segunda es la infraestructura de apoyo. Los deportistas necesitan accesos adecuados a las playas, estacionamientos, duchas, espacios para guardar equipos, servicios de salvamento y atención médica, conectividad a internet y transporte local confiable. Son inversiones relativamente modestas que pueden marcar una gran diferencia en la experiencia del visitante.

La tercera es la protección de los espacios naturales que hacen posible estos deportes. Playa Encuentro, la bahía de Cabarete, los arrecifes de Bayahíbe y Catalina, las playas de Miches y las aguas de Samaná son activos estratégicos del país. Su desarrollo debe planificarse con cuidado, evitando que construcciones mal ubicadas, contaminación o sobreexplotación destruyan lo que precisamente atrae a los visitantes.

La cuarta es la promoción especializada. Las campañas generales de sol y playa no llegan al deportista. Para atraerlo hay que estar presente en las ferias, medios, plataformas y comunidades de cada disciplina, trabajar con atletas embajadores y apoyar la producción de contenidos de calidad. La campaña “Cabarete Surf and Wind City” es un excelente paso en esa dirección, y su lógica podría replicarse con el buceo en Bayahíbe, la pesca deportiva en el Este o la natación en aguas abiertas en Miches.

Y la quinta es la formación de talento local. Instructores certificados, guías de buceo, capitanes, jueces, organizadores de eventos y gestores deportivos. Cada uno de esos perfiles es una oportunidad de empleo calificado para los jóvenes de las comunidades costeras y una garantía de calidad para el visitante.

El mar como estrategia

República Dominicana ha construido su liderazgo turístico mirando al mar desde la orilla. Ahora tiene la oportunidad de dar un paso más y mirarlo desde adentro: desde una tabla de surf, desde una cometa de kitesurf, desde el fondo de un arrecife, desde la cubierta de un velero o desde la línea de salida de una competencia de nado en aguas abiertas.

Los deportes náuticos no van a sustituir el modelo turístico que nos ha traído hasta aquí, pero sí pueden enriquecerlo, diversificarlo y hacerlo más resistente. Pueden llevar visitantes a destinos que hoy reciben pocos, extender la estadía promedio, romper la estacionalidad, generar empleos en las comunidades, impulsar la conservación de nuestros recursos marinos y crear nuevas oportunidades para el turismo inmobiliario.

El calendario de este año demuestra que el país ya está en el radar del deporte náutico internacional. Playa Encuentro recibió los Juegos Centroamericanos, Cabarete celebró su Master of the Ocean y lanzó su campaña global, y Miches se prepara para recibir a miles de nadadores de todo el mundo. Lo que toca ahora es convertir esos momentos en una estrategia sostenida, con visión, inversión y planificación.

Nuestro mar siempre ha sido nuestro principal activo turístico. La diferencia es que ahora podemos dejar de verlo solo como un paisaje y empezar a entenderlo como lo que realmente es: un estadio natural de clase mundial, abierto los 365 días del año, que tiene todo para convertir a República Dominicana en la gran capital náutica del Caribe.

Joan G. Feliz
Director General y Editorial | InCaribe Media

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