Si hay una ciudad que concentra el capital, las decisiones y los sueños de buena parte de los inversionistas latinoamericanos, esa ciudad es Miami. Allí viven, hacen negocios y compran propiedades miles de empresarios y profesionales de Colombia, Venezuela, Argentina, Brasil y México. Allí se mueven sus patrimonios, se asesoran con sus bancos y toman sus decisiones de inversión. Y allí, cada vez con más frecuencia, empiezan a mirar hacia República Dominicana.
Entender esa dinámica es fundamental para el turismo inmobiliario dominicano. Miami no es solo un mercado emisor de turistas; es el gran centro financiero de América Latina, el lugar donde el inversionista de la región se informa, compara y decide. Quien logre posicionar a República Dominicana en esa conversación estará tocando la puerta del capital latinoamericano en su propia casa.
El capital latinoamericano tiene domicilio en Florida
Los números de Miami son elocuentes. Según la Asociación de Realtors de Miami, el 86 % de los compradores internacionales de desarrollos de lujo en la ciudad son latinoamericanos. Los colombianos han liderado las transacciones internacionales en los últimos años, con alrededor del 15 % del total y una inversión cercana a los US$542 millones en 2023, seguidos por argentinos, brasileños y mexicanos. Los venezolanos, por su parte, han sido históricamente una de las fuerzas más importantes del mercado, con un perfil caracterizado por su capacidad de pagar en efectivo.
Ese mismo dinamismo ha tenido una consecuencia previsible: Miami se ha vuelto cara. Las propiedades de la ciudad se han revalorizado alrededor de un 200 % en las últimas dos décadas, y el costo de entrada para un inversionista que busca rentabilidad es cada vez más alto. A eso se suman los seguros, los impuestos a la propiedad y las cuotas de mantenimiento, que en el sur de Florida han subido con fuerza en los últimos años y han reducido el retorno neto de muchas inversiones.
Ese es exactamente el punto donde República Dominicana aparece como alternativa natural. El mismo inversionista que compra en Brickell o en Miami Beach está buscando diversificar, y el país ofrece algo que hoy Miami difícilmente puede dar: precios de entrada más accesibles, rendimientos por alquiler que, según Global Property Guide, llegaron a 9.21 % en el tercer trimestre de 2026, e incentivos fiscales para proyectos turísticos bajo la Ley 158-01.
Una ruta natural
La relación entre Miami y República Dominicana no es nueva. La ciudad alberga una importante comunidad dominicana, la conectividad aérea con Santo Domingo, Punta Cana, Santiago y Puerto Plata es amplia, y el vuelo dura poco más de dos horas, menos de lo que muchos residentes de Miami tardan en llegar a otros destinos de Estados Unidos. Para el inversionista latinoamericano radicado en Florida, República Dominicana está, literalmente, a la vuelta de la esquina.
La banca dominicana ya lo ha entendido. Banreservas tiene oficinas de representación en Miami, Nueva York y Madrid, que en conjunto han atendido a más de 50,000 clientes. Y desarrolladores e inmobiliarias dominicanas han llevado sus proyectos a ferias en la ciudad, como la celebrada en el Dolphin Mall, donde se presentaron proyectos turísticos con exenciones fiscales de hasta 15 años, dirigidos tanto a dominicanos residentes en Florida como a inversionistas extranjeros.
También hay señales en la propia demanda. Los registros de búsqueda de la Asociación de Realtors de Miami muestran a República Dominicana entre los países latinoamericanos con interés inmobiliario en la ciudad, lo que confirma que existe una relación de doble vía: dominicanos que miran a Miami e inversionistas de Miami que miran al país.
Más allá del dominicano en el exterior
Hasta ahora, buena parte de la promoción inmobiliaria dominicana en Estados Unidos se ha dirigido a la diáspora, y con muy buenos resultados. Las ferias de Banreservas y del Banco BHD en Nueva York y otras ciudades han movilizado miles de millones de pesos en solicitudes de financiamiento. Pero Miami ofrece una oportunidad distinta: llegar a un inversionista que no tiene raíces dominicanas, pero sí capital, interés por el Caribe y la costumbre de comprar propiedades fuera de su país.
Ese inversionista colombiano, venezolano, argentino o mexicano que vive en Miami no necesita ser convencido de invertir en bienes raíces; ya lo hace. Lo que necesita es información confiable, proyectos bien estructurados, asesoría legal clara y la confianza de que su dinero estará seguro. El capital latinoamericano ya está presente en la economía dominicana: en 2025, Panamá y México figuraron entre los cinco principales países de origen de la inversión extranjera directa, con más de US$260 millones cada uno.
Hay, además, un elemento de actualidad que puede abrir nuevas puertas. Este mes, el presidente Luis Abinader y la presidenta venezolana Delcy Rodríguez evaluaron oportunidades de cooperación en turismo y energía. Si esa relación se normaliza, la numerosa comunidad empresarial venezolana radicada en Miami, que históricamente ha mantenido negocios en el Caribe, podría convertirse en un nuevo segmento de compradores para el mercado dominicano.
Lo que hace falta para abrir esa puerta
Si República Dominicana quiere convertir a Miami en su puerta de entrada al capital latinoamericano, necesita una estrategia más deliberada. La primera tarea es tener presencia constante en la ciudad, no solo con ferias puntuales, sino con alianzas con brokers, family offices, bancos privados y asesores patrimoniales que son quienes realmente orientan las decisiones de inversión de los latinoamericanos en Florida.
La segunda es hablarle a ese inversionista en su idioma financiero. El comprador latinoamericano de Miami compara rentabilidades, analiza costos de mantenimiento, revisa la carga fiscal y quiere entender con claridad el proceso de compra, la titulación y la salida de la inversión. Los proyectos que presenten esa información de forma transparente y profesional tendrán una ventaja enorme.
La tercera es la seguridad jurídica. Un inversionista que ha comprado en Miami está acostumbrado a procesos claros, títulos limpios y reglas estables. República Dominicana ha avanzado mucho en ese terreno, pero cada operación mal gestionada puede pesar más que cualquier campaña de promoción.
Hace poco leí en InCaribe Media un artículo sobre el perfil del nuevo inversionista que está llegando al turismo inmobiliario dominicano, y uno de sus planteamientos resume bien esta oportunidad: el capital latinoamericano no necesita descubrir el Caribe, necesita encontrar en República Dominicana la misma confianza que encontró en Miami.
Una puerta que ya está abierta
Miami seguirá siendo por muchos años la capital financiera de América Latina. La buena noticia es que República Dominicana no tiene que competir con ella, sino complementarla. Para el inversionista latinoamericano que ya tiene su apartamento en Brickell o su condominio en Miami Beach, el país puede ser el siguiente paso lógico: un destino cercano, rentable, con crecimiento sostenido y con una oferta turística que pocos lugares del Caribe pueden igualar.
La puerta ya está abierta. Lo que toca ahora es cruzarla con estrategia, con proyectos serios y con la convicción de que el capital que hoy se concentra en Miami puede encontrar en República Dominicana su próximo gran destino.
Joan G. Feliz
Director General y Editorial | InCaribe Media
