Por Redacción InCaribe Media
Lavar los platos antes de irse, sacar la basura, quitar las sábanas y meterlas en la lavadora. Durante años, esas instrucciones de salida fueron parte del día a día de millones de viajeros que se alojaban en propiedades de Airbnb, y también una de las quejas más repetidas por los huéspedes, que no entendían por qué debían hacer tareas de limpieza después de haber pagado una tarifa precisamente por ese concepto. Esa etapa llega a su fin. La plataforma actualizó sus normas sobre las reglas de la casa y, a partir de las reservas realizadas desde el 20 de noviembre de 2026, los anfitriones ya no podrán exigir tareas que impliquen un esfuerzo o tiempo considerable, o que normalmente realizaría un servicio profesional de limpieza.
El cambio es global, pero tiene un impacto especial en la República Dominicana, donde la renta corta se ha convertido en un pilar del turismo y de la inversión inmobiliaria. Según el Banco Central, el 34 % de los turistas que visitaron el país en 2025 se alojó en establecimientos de renta corta, y el Sistema de Inteligencia Turística contabilizó más de 49,000 propiedades de este tipo en seis de los principales polos turísticos al cierre del año. Para los miles de anfitriones de Punta Cana, Las Terrenas, Santo Domingo, Puerto Plata o La Romana, adaptarse a las nuevas reglas no es opcional.
Por qué Airbnb tomó esta decisión
La empresa explicó que su comunidad le había transmitido que las reglas de la casa resultaban, en muchos casos, confusas, engorrosas y difíciles de cumplir, por lo que decidió rediseñarlas para que sean más fáciles de encontrar y establecer, acompañadas de una política que garantice que las peticiones sean razonables y no generen sorpresas. De fondo está una queja que se repite desde hace años: muchos huéspedes consideraban injusto pagar una tarifa de limpieza y, al mismo tiempo, recibir una lista de tareas de orden y limpieza al momento de la salida.
El objetivo declarado es que el viajero conozca de antemano todas sus obligaciones desde el momento en que reserva y que no se encuentre con exigencias nuevas al final de su estancia.
Lo que los anfitriones ya no podrán pedir
Bajo las nuevas directrices, quedan fuera las peticiones que impliquen un esfuerzo o tiempo considerable. Entre ellas figuran lavar y guardar la vajilla, sacar la basura y quitar la ropa de cama para llevarla a la lavadora. Los anfitriones tampoco podrán cobrar cargos a los huéspedes por no realizar tareas específicas de limpieza o de salida, ni imponer multas por incumplimientos menores.
Otra restricción importante tiene que ver con los documentos. Los anfitriones no podrán exigir a los huéspedes que firmen un contrato distinto al que aceptaron a través de Airbnb al reservar, salvo en circunstancias muy específicas. Además, todas las reglas deberán informarse en el momento de la reserva y no podrán añadirse condiciones después.
Lo que sí se puede seguir pidiendo
Las nuevas normas no significan que el huésped pueda dejar el alojamiento de cualquier manera. La plataforma insiste en que los viajeros deben tratar la propiedad como si fuera suya, y permite algunas solicitudes que considera razonables. Por ejemplo, el anfitrión ya no puede pedir que se laven los platos, pero sí que los utensilios usados se dejen en el fregadero. Tampoco puede pedir que se quiten las sábanas, pero sí que se reúnan y junten las toallas y la ropa de cama usada.
Además, aunque no puedan cobrar por tareas no realizadas, los anfitriones conservan una herramienta clave: pueden dejar calificaciones y evaluaciones basadas en la limpieza en que fue entregado el alojamiento.
Las siete reglas estándar
El cambio más visible es que Airbnb ha definido siete reglas estándar que los anfitriones pueden activar y que aparecerán de forma destacada en la página del anuncio y en los recordatorios de la reserva. Esas reglas son el número máximo de huéspedes que pueden pernoctar, el horario de silencio, la autorización o no de eventos, la admisión de mascotas, la política sobre fumar, el uso del espacio para fotografía comercial y la obligación de cerrar la propiedad con llave o devolver las llaves al momento de la salida.
Para los anfitriones dominicanos, varias de estas reglas son especialmente relevantes. El horario de silencio y la prohibición de eventos son herramientas fundamentales en los condominios de Punta Cana y Santo Domingo, donde la convivencia entre residentes permanentes y turistas ha generado tensiones, y donde algunos proyectos han llegado a separar los bloques destinados a renta corta de los residenciales.
Qué pasa si un anfitrión no cumple
Las sanciones no son menores para quien vive de la plataforma. Según reportó The New York Times, los anfitriones que incumplan las nuevas directrices se exponen a recibir una advertencia o a que sus anuncios pierdan visibilidad en los resultados de búsqueda. En mercados tan competidos como Punta Cana, donde los anuncios activos crecieron más de un 46 % en el último año, perder posiciones en las búsquedas puede traducirse de inmediato en menos reservas e ingresos.
Una medida que divide opiniones
No todos los anfitriones han recibido el cambio con entusiasmo, y parte de ellos ha expresado sus objeciones en los foros oficiales de la plataforma. Su principal preocupación es que las tareas que antes asumía el huésped ahora recaerán por completo en el equipo de limpieza, lo que puede aumentar los tiempos entre una reserva y otra y elevar los costos operativos. Para los huéspedes, en cambio, la medida representa más transparencia y el fin de una práctica que muchos consideraban abusiva.
Cómo deben prepararse los anfitriones en República Dominicana
El primer paso es revisar las reglas de la casa de cada anuncio antes del 20 de noviembre y eliminar cualquier instrucción que ya no esté permitida, como pedir que se laven los platos, se saque la basura o se quiten las sábanas. El segundo es ajustar la operación de limpieza, contemplando el tiempo adicional que pueda requerir cada salida, sobre todo durante la temporada alta, que en el país va de diciembre a abril y concentra la mayor parte de los ingresos del año.
También conviene revisar la tarifa de limpieza para que refleje el costo real del servicio, configurar correctamente las siete reglas estándar y retirar cualquier contrato adicional que se estuviera pidiendo a los huéspedes fuera de la plataforma. Finalmente, la comunicación sigue siendo la mejor aliada: un mensaje de bienvenida claro y amable puede lograr que los huéspedes cuiden la propiedad sin necesidad de imponer obligaciones.
Un mercado que se profesionaliza
Más allá de las tareas de limpieza, la decisión de Airbnb confirma una tendencia que ya se observa en el mercado dominicano: la renta corta se está profesionalizando. Mientras el sector hotelero sigue impulsando una regulación integral del alquiler de corto plazo en el país, las propias plataformas empiezan a imponer estándares más estrictos de transparencia y servicio. Para el inversionista, el mensaje es claro: en un mercado con más oferta que nunca, las propiedades que ofrezcan una experiencia sin fricciones serán las que mantengan la ocupación y la rentabilidad.
Preguntas frecuentes sobre las nuevas reglas de Airbnb
¿Desde cuándo aplican las nuevas reglas de Airbnb?
A todas las reservas realizadas a partir del 20 de noviembre de 2026.
¿Un anfitrión puede pedir que se laven los platos?
No. Solo puede pedir que los utensilios usados se dejen en el fregadero.
¿Se puede cobrar al huésped por no limpiar?
No. Los anfitriones no pueden cobrar cargos por tareas de limpieza no realizadas, aunque sí pueden calificar la limpieza en su evaluación.
¿Cuáles son las siete reglas estándar?
Número máximo de huéspedes, horario de silencio, eventos, mascotas, política de fumar, fotografía comercial y cierre o devolución de llaves al salir.
¿Qué pasa si un anfitrión no cumple las nuevas normas?
Puede recibir una advertencia o ver reducida la visibilidad de su anuncio en las búsquedas.
Joan G. Feliz
Director General y Editorial | InCaribe Media
Especialista en turismo, inversión, construcción y desarrollo de destinos en República Dominicana y el Caribe.
