“La mejor construcción no es la más económica ni la más rápida; es aquella que protege vidas cuando la naturaleza pone a prueba su resistencia.”
Arq. Geraldo Feliz
En la construcción existe una conversación que muchas veces se concentra demasiado en el precio y en el tiempo de ejecución. ¿Cuánto cuesta? ¿Cuándo estará terminada? ¿Podemos hacerlo más rápido? ¿Dónde podemos reducir costos?
Son preguntas legítimas.
Pero existe una pregunta mucho más importante que debería estar presente desde el primer dibujo hasta la entrega de una obra:
¿Qué tan preparada está esta construcción para proteger vidas cuando llegue el momento de enfrentar una situación extrema?
Terremotos, huracanes, inundaciones, fuertes lluvias, vientos intensos y otros fenómenos naturales pueden poner a prueba en cuestión de minutos el trabajo realizado durante meses o años.
Es precisamente en esos momentos cuando una construcción demuestra su verdadero valor.
Construir barato no siempre significa construir mejor
Reducir costos puede ser parte de una buena gestión de un proyecto. El problema aparece cuando el ahorro se obtiene sacrificando elementos que tienen una función fundamental en la seguridad de una edificación.
Una estructura no puede evaluarse únicamente por su apariencia.
Detrás de una vivienda, una torre, un edificio comercial o una infraestructura existe un conjunto de decisiones técnicas relacionadas con el suelo, los materiales, el diseño estructural, las cargas, las instalaciones y la calidad de ejecución.
Cuando alguno de estos elementos se trata como un simple gasto que debe reducirse, el proyecto puede quedar expuesto a riesgos que quizás no sean visibles durante años.
La verdadera eficiencia en construcción no consiste simplemente en gastar menos.
Consiste en invertir correctamente donde cada peso tiene un impacto directo sobre la seguridad, la durabilidad y el desempeño de la obra.
La naturaleza no negocia con el presupuesto
Un edificio puede verse perfecto durante una inspección cotidiana.
Una vivienda puede lucir impecable.
Una estructura puede tener excelentes acabados.
Pero cuando llega un terremoto, un huracán o una inundación severa, la naturaleza no distingue entre una construcción económica y una de lujo.
La diferencia estará en la calidad de su diseño, en el cumplimiento de las normas, en los materiales utilizados y, especialmente, en la manera en que fue ejecutada.
Por eso, la seguridad estructural no debe considerarse un elemento adicional del proyecto.
Debe ser el punto de partida.
República Dominicana y el desafío de construir en el Caribe
República Dominicana tiene una condición geográfica que obliga a tomar muy en serio la prevención.
El país está expuesto a fenómenos meteorológicos que pueden generar fuertes vientos, lluvias intensas, inundaciones y otros eventos capaces de afectar edificaciones e infraestructura.
Además, se encuentra en una región con actividad sísmica.
Esto significa que construir en República Dominicana requiere entender las condiciones particulares del territorio.
No se puede importar simplemente un modelo de construcción diseñado para otra realidad y asumir que funcionará de la misma manera.
Cada proyecto debe considerar su ubicación, las características del terreno, las condiciones ambientales y las exigencias técnicas correspondientes.
La calidad comienza antes de colocar el primer bloque
Uno de los errores más frecuentes es pensar que la calidad de una construcción comienza cuando los trabajadores llegan al terreno.
En realidad, comienza mucho antes.
Comienza con el estudio del suelo.
Continúa con el diseño arquitectónico y estructural.
Pasa por la selección de materiales, la planificación de las instalaciones y la correcta elaboración de los planos.
Y finalmente se materializa en la obra mediante una ejecución supervisada y responsable.
Una buena construcción es el resultado de una cadena de decisiones.
Si una de esas decisiones fundamentales falla, puede comprometer las siguientes.
Por eso, la seguridad de una edificación no se improvisa en la obra; se diseña desde el escritorio y se protege durante toda la ejecución.
El papel de los profesionales
Arquitectos, ingenieros, constructores, supervisores, contratistas y proveedores tienen una responsabilidad que va mucho más allá de entregar una obra terminada.
Cada decisión puede tener consecuencias.
Una especificación incorrecta, un material de menor calidad, una modificación no evaluada técnicamente o una ejecución deficiente pueden convertirse en un riesgo para quienes ocuparán la edificación.
Por eso, la experiencia profesional tiene un valor que muchas veces resulta difícil de medir en un presupuesto.
No se trata únicamente de saber construir.
Se trata de saber qué no se debe sacrificar.
¿Cuánto cuesta realmente ahorrar en seguridad?
Esta debería ser una de las preguntas más importantes antes de tomar cualquier decisión de reducción de costos.
Porque un ahorro aparentemente pequeño durante la construcción puede convertirse en un costo enorme durante la vida útil de una propiedad.
Reparaciones, deterioro prematuro, daños estructurales, interrupciones de operaciones y, en el peor de los casos, pérdidas humanas.
Cuando se analiza de esa manera, queda claro que la seguridad no debería verse como un gasto.
Es una inversión.
Una inversión en patrimonio.
Una inversión en continuidad.
Pero, sobre todo, una inversión en vidas humanas.
Construir pensando en el día después
Una obra verdaderamente bien diseñada no debe pensarse únicamente para el día de su inauguración.
Debe pensarse para los próximos 10, 20, 30 o 50 años.
Debe considerar cómo responderá ante el uso cotidiano, ante el envejecimiento de sus materiales y ante eventos extraordinarios.
El verdadero éxito de una construcción no está solamente en que sea bonita cuando se entrega.
Está en que continúe funcionando cuando las condiciones dejan de ser normales.
Ahí es donde la ingeniería y la arquitectura adquieren su verdadero sentido.
La velocidad tampoco puede estar por encima de la seguridad
La presión por terminar rápidamente un proyecto es una realidad en la industria.
Los inversionistas quieren recuperar su capital, los compradores quieren recibir sus propiedades y los desarrolladores necesitan cumplir sus cronogramas.
Pero acelerar una obra no puede significar eliminar procesos indispensables.
La planificación, la supervisión, los controles de calidad y el cumplimiento de las especificaciones técnicas necesitan tiempo.
Una construcción puede ser rápida y eficiente.
Lo que no puede ser es rápida a costa de la seguridad.
El verdadero costo de una mala construcción
Cuando una obra presenta problemas, muchas veces se habla del costo de repararla.
Pero existe un costo mucho mayor: la pérdida de confianza.
Una familia que compra una vivienda está depositando una parte importante de su patrimonio en esa propiedad.
Una empresa que construye una instalación está colocando allí sus operaciones.
Una ciudad que desarrolla infraestructura está confiando en que esas obras podrán servir durante décadas.
Por eso, la construcción tiene una responsabilidad social que trasciende el contrato entre un cliente y un constructor.
Construir es asumir responsabilidad por las personas que ocuparán los espacios que estamos creando.
Construir para resistir
La frase del arquitecto Geraldo Feliz plantea una reflexión que debería acompañar a toda la industria:
La mejor construcción no necesariamente es la más barata. Tampoco necesariamente es la que se entrega primero.
Es aquella que logra encontrar el equilibrio entre costo, funcionalidad, calidad, durabilidad y seguridad.
Es la que utiliza correctamente la tecnología y los conocimientos disponibles.
Es la que respeta las normas.
Es la que cuenta con profesionales responsables.
Y es, sobre todo, aquella que cuando la naturaleza pone a prueba su resistencia, tiene la capacidad de proteger a quienes están dentro.
Porque al final, detrás de cada edificio hay personas.
Detrás de cada vivienda hay una familia.
Detrás de cada proyecto hay vidas que dependen de que alguien haya tomado correctamente cada decisión.
Y esa debería ser la verdadera medida de una buena construcción.
Por Arq. Geraldo Feliz
