Turismo náutico: la industria que República Dominicana todavía no termina de despertar

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El turismo náutico necesita una ley: República Dominicana no puede seguir mirando el mar desde la orilla

República Dominicana tiene una posición privilegiada en el Caribe, una industria turística consolidada y un flujo creciente de visitantes por vía marítima. Sin embargo, el país todavía tiene pendiente convertir el turismo náutico en una verdadera industria nacional.

República Dominicana ha construido una de las industrias turísticas más importantes del Caribe alrededor de sus playas, hoteles, aeropuertos, campos de golf y desarrollos inmobiliarios. Sin embargo, existe un activo que todavía no estamos aprovechando en toda su dimensión: el mar.

El país tiene una ubicación estratégica, cientos de kilómetros de costa, múltiples destinos turísticos, infraestructura portuaria, marinas, conectividad aérea y una industria hotelera capaz de complementar cualquier producto marítimo. A pesar de ello, el turismo náutico continúa teniendo un desarrollo menor al potencial que ofrece.

Y no es porque no sepamos que existe la oportunidad.

El país lleva años discutiendo un proyecto de Ley que Regula el Turismo Náutico de Recreo, iniciativa que ha pasado por diferentes etapas en el Congreso Nacional y que ha sido aprobada en segunda discusión en el Senado. Sin embargo, todavía no se ha convertido en una ley promulgada que establezca definitivamente el marco regulatorio e incentive el desarrollo de esta actividad.

Para un país que aspira a seguir creciendo como potencia turística, esto debería preocuparnos.

Los números ya justifican la oportunidad

El turismo dominicano está viviendo uno de sus mejores momentos históricos. En 2025 el país recibió 11,676,901 visitantes, mientras que durante los primeros siete meses de 2026 alcanzó 7,700,118 visitantes, un crecimiento de 7 % respecto al mismo período de 2025.

Pero hay un dato particularmente importante para esta discusión: entre enero y julio de 2026 llegaron 1,814,859 visitantes por vía marítima.

Es decir, casi 1.8 millones de personas llegaron al país por mar en apenas siete meses.

El dato demuestra que el componente marítimo ya tiene un peso significativo dentro de nuestra industria turística. Además, en 2025 República Dominicana recibió 2,815,732 cruceristas, un crecimiento de aproximadamente 6 % respecto a 2024 y de más de 114 % frente a 2022.

El crecimiento de los cruceros confirma que el país tiene capacidad para atraer visitantes por vía marítima.

Pero el turismo náutico es mucho más que cruceros.

Ahí está precisamente la oportunidad que todavía tenemos pendiente de desarrollar.

Del crucero al yate, la marina y toda una industria

El turismo náutico incluye una amplia variedad de actividades: navegación recreativa, yates, veleros, catamaranes, pesca deportiva, buceo, excursiones, alquiler de embarcaciones, deportes acuáticos y servicios vinculados a las marinas.

Y detrás de cada embarcación existe una cadena económica.

Una embarcación necesita combustible, mantenimiento, reparación, seguridad, limpieza, almacenamiento y servicios especializados. Sus pasajeros consumen restaurantes, transporte, excursiones, entretenimiento y alojamiento.

Esto significa que desarrollar el turismo náutico no es simplemente atraer barcos.

Es crear un ecosistema empresarial alrededor de ellos.

Y ese ecosistema puede generar oportunidades para grandes inversiones, pero también para pequeñas y medianas empresas, profesionales técnicos y trabajadores especializados.

Mecánicos, ingenieros, capitanes, marineros, operadores turísticos, empresas de mantenimiento, restaurantes, transportistas y proveedores de servicios pueden formar parte de una cadena de valor que todavía tiene muchísimo espacio para crecer.

Una oportunidad para el turismo inmobiliario

Desde la perspectiva inmobiliaria, el turismo náutico tiene otra ventaja: puede convertirse en un importante generador de nuevos productos.

Una marina bien planificada puede ser mucho más que un espacio para embarcaciones. Puede convertirse en el centro de un destino turístico donde convivan hoteles, restaurantes, comercios, clubes, entretenimiento, servicios náuticos y proyectos residenciales.

La diferencia es importante.

Una propiedad frente al mar vende una ubicación.

Una propiedad integrada a una marina puede vender un estilo de vida completo.

República Dominicana ya tiene algunos ejemplos de esta combinación. Cap Cana ha demostrado el potencial de integrar turismo de lujo, desarrollo inmobiliario, deporte y actividad marítima. Casa de Campo y La Romana tienen una larga tradición vinculada a la náutica. Samaná posee condiciones naturales excepcionales para desarrollar experiencias marítimas, mientras Puerto Plata continúa fortaleciendo su infraestructura y su posición como destino de cruceros.

Pedernales, por su parte, representa una oportunidad especialmente interesante porque todavía está en una etapa en la que puede incorporar desde el inicio una planificación turística que contemple el mar como uno de sus principales activos.

Una oportunidad de cientos de millones

Uno de los elementos que más llama la atención cuando se revisa la historia del proyecto legislativo es que durante las discusiones del turismo náutico se llegó a estimar que República Dominicana podía estar dejando de percibir alrededor de US$300 millones anuales por la falta de una legislación que incentivara adecuadamente esta actividad.

Ese dato corresponde al contexto en que fue planteado y debería actualizarse con información económica más reciente. Pero sirve para dimensionar la magnitud de la oportunidad.

Si hace algunos años se hablaba de cientos de millones de dólares, cuando el turismo dominicano tenía un volumen menor al actual, resulta razonable preguntarnos cuánto podría representar hoy una industria náutica correctamente organizada.

La pregunta es todavía más relevante cuando el país ya supera los 11 millones de visitantes anuales y continúa creciendo.

No estamos hablando de crear una demanda.

La demanda ya existe.

Lo que necesitamos es crear las condiciones para capturar una mayor parte de ese valor.

El Caribe ya compite por este visitante

República Dominicana no está sola en esta carrera.

Bahamas, Puerto Rico, Islas Vírgenes, Antigua y otros destinos del Caribe han desarrollado durante años infraestructura y servicios destinados a atraer embarcaciones y propietarios de yates.

La competencia no se limita a quién tiene mejores playas.

También compiten las marinas, los servicios de mantenimiento, la seguridad, los procedimientos de entrada, la facilidad para registrar embarcaciones, la disponibilidad de amarres, los servicios de combustible, la oferta gastronómica y la experiencia general del visitante.

Un propietario de una embarcación puede elegir dónde pasar semanas o meses.

Si República Dominicana quiere competir por ese mercado, tiene que hacer que la decisión de venir aquí sea sencilla y atractiva.

Una ley que debe convertirse en prioridad

El proyecto de Ley de Turismo Náutico no debería verse únicamente como una pieza más dentro de la agenda legislativa.

Debe formar parte de una estrategia nacional de diversificación turística.

La legislación debe proporcionar seguridad jurídica, establecer reglas claras, facilitar los procesos, definir responsabilidades institucionales y crear condiciones para atraer inversión.

Pero la ley debe ser solamente el comienzo.

Después será necesario diseñar una estrategia nacional de turismo náutico que identifique destinos prioritarios, infraestructura necesaria, incentivos, formación profesional, servicios especializados y mecanismos para atraer embarcaciones extranjeras.

También será fundamental reducir la burocracia.

El visitante que llega por mar debe encontrar un país donde los procesos migratorios, aduanales, portuarios y de registro sean rápidos, coordinados y digitales.

En un mercado internacional tan competitivo, la burocracia también puede convertirse en una desventaja turística.

Sostenibilidad: el mar es el activo que debemos proteger

El desarrollo náutico tampoco puede hacerse de espaldas al medio ambiente.

Nuestro principal activo es precisamente el mar.

Arrecifes, corales, manglares, playas y ecosistemas costeros forman parte del producto turístico que queremos desarrollar. Por eso, cualquier estrategia debe incluir normas claras sobre fondeo, residuos, combustibles, protección de áreas sensibles y manejo responsable de las actividades marítimas.

No podemos cometer el error de desarrollar una industria destruyendo el recurso que la sostiene.

La verdadera apuesta debe ser por un turismo náutico competitivo, rentable y sostenible.

República Dominicana tiene casi todas las piezas

Lo más interesante es que el país no parte desde cero.

Tenemos una industria turística madura, millones de visitantes, aeropuertos internacionales, puertos, marinas, hoteles, restaurantes, proyectos inmobiliarios, destinos de lujo y una ubicación geográfica privilegiada.

También tenemos algo todavía más importante: una demanda marítima que ya está creciendo.

Los 1.8 millones de visitantes que llegaron por vía marítima entre enero y julio de 2026 son una señal clara de que el mar puede tener un papel mucho mayor dentro de nuestra economía turística.

La tarea ahora es ampliar ese modelo.

No quedarnos solamente con el crucero, sino desarrollar el yate. No quedarnos solamente con el puerto, sino desarrollar la marina. No quedarnos solamente con la excursión, sino construir rutas náuticas. No quedarnos solamente con la propiedad frente al mar, sino crear comunidades y destinos integrados alrededor de la experiencia marítima.

El momento de actuar es ahora

República Dominicana ya demostró que puede ser una potencia turística. El próximo desafío es determinar cómo mantener ese crecimiento y cómo crear nuevas fuentes de inversión, empleo y generación de divisas.

El turismo náutico puede ser una de ellas.

Por eso la aprobación definitiva de una Ley de Turismo Náutico de Recreo debe convertirse en una prioridad.

No porque necesitemos otra ley por sí misma, sino porque necesitamos las herramientas para desarrollar una industria que puede transformar nuestras costas y crear nuevos polos de inversión.

El país tiene el mar.

Tiene los turistas.

Tiene los destinos.

Tiene la infraestructura.

Tiene los inversionistas.

Ahora necesita una legislación moderna y una estrategia que conecte todas esas piezas.

República Dominicana no puede seguir mirando el mar desde la orilla.

El próximo gran capítulo de nuestro turismo puede estar precisamente ahí, frente a nosotros: en ese enorme espacio azul que durante décadas hemos utilizado como paisaje y que ahora debemos comenzar a entender también como una de nuestras grandes oportunidades económicas.

Joan G. Feliz
Director General | Incaribe Media

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