La construcción dominicana tiene un problema silencioso: miles de obras están paralizadas y el abandono crece

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El ROE 2026-1 registra 6,682 obras en la Región Metropolitana; casi 60 % están paralizadas y 284 ya aparecen clasificadas como abandonadas

Santo Domingo, República Dominicana.– Detrás del crecimiento de la construcción dominicana hay una realidad que pocas veces aparece cuando se habla de nuevas inversiones, proyectos inmobiliarios y expansión urbana: una parte importante de las obras que ya fueron iniciadas no está avanzando.

El Registro de Oferta de Edificaciones (ROE) 2026-1 de la Oficina Nacional de Estadística (ONE) coloca esa realidad sobre la mesa. De las 6,682 obras registradas en la Región Metropolitana, el 59.8 % se encontraba paralizado, mientras que otras 284 obras estaban clasificadas directamente como abandonadas.

El dato que genera mayor preocupación no es solamente el tamaño del inventario paralizado.

Es que el abandono está aumentando.

Entre el ROE 2025-2 y el ROE 2026-1, las obras abandonadas pasaron de representar 3.2 % a 4.3 % del total de proyectos registrados, convirtiéndose en la categoría con mayor incremento relativo durante el período.

Paralizar no es lo mismo que abandonar

La diferencia parece semántica, pero para el mercado inmobiliario es fundamental.

Una obra paralizada todavía puede reactivarse. Puede tratarse de un proyecto que enfrenta problemas temporales de financiamiento, permisos, comercialización, contratistas, costos o planificación.

Una obra clasificada como abandonada representa un escenario diferente.

La ONE mantiene ambas categorías separadas dentro de su metodología del ROE, junto con obras en planos, en ejecución, no localizadas y culminadas.

Por eso, el aumento de las obras abandonadas merece atención propia.

No necesariamente significa que esas estructuras nunca serán recuperadas, pero sí muestra que existe un grupo de proyectos que ha pasado de una interrupción del proceso constructivo a una situación mucho más crítica.

Santo Domingo Norte concentra la mayor cantidad de abandonos

El mapa también revela dónde está concentrándose el problema.

De las 284 obras abandonadas registradas en toda la Región Metropolitana, 78 corresponden a Santo Domingo Norte y 75 a Santo Domingo Este.

En conjunto, ambos municipios concentran 53.9 % de todas las obras clasificadas como abandonadas.

Esto resulta especialmente significativo porque son dos de los territorios con mayor cantidad de proyectos dentro del inventario metropolitano.

En otras palabras, no necesariamente se trata de los municipios con menos actividad constructiva.

Al contrario: son mercados grandes donde también existe un volumen importante de proyectos que no ha logrado llegar a término.

El porcentaje cuenta una historia todavía más fuerte

Cuando se analiza el abandono en relación con el total de obras de cada municipio, Santo Domingo Norte vuelve a aparecer en primer lugar.

El municipio registra una tasa de abandono de 7.4 %, seguido por San Antonio de Guerra, con 6.9 %; Pedro Brand, con 6.4 %, y Boca Chica, con 6.2 %.

Esto permite hacer una distinción importante.

Una cosa es saber dónde hay más obras abandonadas en términos absolutos y otra es determinar dónde el abandono representa una mayor proporción del inventario existente.

Santo Domingo Norte destaca en ambas mediciones.

Boca Chica tiene otro problema: la paralización

El caso de Boca Chica muestra por qué no se puede analizar el mercado únicamente a partir de las obras abandonadas.

El municipio registra la mayor proporción de obras paralizadas de la Región Metropolitana, con 73.5 %.

Los Alcarrizos aparece prácticamente al mismo nivel, con 73.3 %, mientras San Antonio de Guerra registra 71.6 %.

Esto significa que el desafío de estos mercados no necesariamente está todavía en el abandono.

Está en lograr que una enorme cantidad de proyectos que actualmente están detenidos pueda volver a entrar en ejecución.

¿Por qué se están deteniendo las obras?

Aquí aparece una de las principales limitaciones del dato.

El ROE identifica y clasifica el estado de las obras, pero no determina las causas particulares por las que cada proyecto fue paralizado o abandonado.

Por eso sería incorrecto atribuir automáticamente estos números a una sola causa.

Un proyecto puede detenerse por problemas de financiamiento, cambios en la demanda, dificultades de comercialización, aumentos de costos, conflictos contractuales, permisos, cambios en el diseño, problemas legales o decisiones estratégicas del desarrollador.

En muchos casos puede existir más de un factor simultáneamente.

Pero hay una conclusión que sí permite extraerse de los datos:

el mercado necesita mirar no solamente cuántos proyectos se anuncian, sino cuántos realmente llegan a construirse.

El verdadero indicador no debería ser cuántos proyectos comienzan

Durante años, una parte importante de la conversación inmobiliaria dominicana se ha concentrado en la cantidad de nuevos proyectos anunciados.

Torres, residenciales, complejos turísticos, oficinas y desarrollos de uso mixto aparecen constantemente en el mercado.

Pero el ROE obliga a plantear otra pregunta:

¿Cuántos de esos proyectos logran completar el ciclo?

Porque un mercado saludable no solamente necesita nuevos lanzamientos.

Necesita proyectos que consigan financiamiento, obtengan sus permisos, vendan, construyan y entreguen.

La diferencia entre anunciar y terminar es precisamente donde comienza a medirse la verdadera fortaleza de un desarrollo inmobiliario.

La paralización también tiene un costo

Una obra detenida no representa únicamente una estructura que deja de crecer.

Detrás de ella hay terrenos inmovilizados, capital comprometido, materiales, empleos que no se generan, suplidores que dejan de vender y compradores que pueden quedar esperando una solución.

También existe un costo urbano.

Una estructura abandonada puede deteriorarse, convertirse en un problema de seguridad, afectar el entorno inmediato y disminuir el atractivo de una zona.

Para el propietario del terreno, para el desarrollador, para el comprador y para la ciudad, una obra inconclusa tiene consecuencias que van mucho más allá del proyecto individual.

Y el problema puede terminar llegando al comprador

El fenómeno también plantea interrogantes para quienes compran apartamentos en proyectos en desarrollo.

Una de las principales recomendaciones para un comprador inmobiliario es analizar la trayectoria del desarrollador, la estructura jurídica del proyecto, el esquema de financiamiento, el avance físico y las condiciones contractuales antes de comprometer una inversión.

No significa que un proyecto paralizado necesariamente vaya a fracasar.

Pero sí significa que el comprador debe entender que adquirir una unidad sobre plano implica asumir un nivel de riesgo diferente al de comprar una propiedad terminada.

La información disponible sobre el proyecto se convierte, por tanto, en parte fundamental de la decisión de inversión.

Un mercado que construye, pero también tiene que terminar

El dato del ROE 2026-1 aparece en un momento particularmente interesante para la construcción dominicana.

El país continúa experimentando crecimiento inmobiliario y turístico, mientras la Región Metropolitana mantiene una intensa actividad residencial.

Sin embargo, los datos muestran que crecer no significa necesariamente que todos los proyectos estén avanzando al mismo ritmo.

El mercado tiene dos historias ocurriendo simultáneamente.

Por un lado, nuevos proyectos y grandes inversiones mantienen activa la construcción.

Por otro, miles de obras registradas permanecen paralizadas y cientos ya han sido clasificadas como abandonadas.

Esa contradicción merece mayor atención.

La pregunta que debe hacerse el mercado

Los 6,682 proyectos registrados no pueden interpretarse todos de la misma manera.

Algunos están en planos. Otros se encuentran en ejecución. Otros ya terminaron.

Pero una proporción considerable permanece detenida.

Y dentro de ella existe un grupo que ya ha cruzado la frontera estadística entre la paralización y el abandono.

El próximo desafío para la industria no debería ser solamente construir más.

También debe ser construir mejor, financiar mejor y terminar lo que se comienza.

Porque detrás de cada proyecto paralizado hay una inversión que dejó de producir, y detrás de cada obra abandonada puede existir un comprador, un desarrollador, un contratista y una comunidad esperando una respuesta.

La construcción dominicana puede seguir creciendo.

Pero los datos del ROE dejan una advertencia que no debería pasar desapercibida:

el verdadero boom inmobiliario no se mide únicamente por las obras que comienzan, sino por las que consiguen llegar hasta el final.

Fuente: Oficina Nacional de Estadística (ONE), Registro de Oferta de Edificaciones (ROE) 2026-1.

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