La construcción dominicana sigue apostando a lo tradicional, pero el mercado pide sistemas más eficientes

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SANTO DOMINGO. – La forma en que se construye también cuenta la historia de cómo está evolucionando el sector inmobiliario dominicano.

Los datos más recientes del Registro de Oferta de Edificaciones (ROE) de la Oficina Nacional de Estadística (ONE) muestran que, pese al avance de nuevas tecnologías y sistemas industrializados, la construcción en la Región Metropolitana de Santo Domingo continúa dependiendo ampliamente de métodos tradicionales.

La mampostería confinada con pórticos y la mampostería estructural armada siguen ocupando una posición dominante dentro de las obras activas. En el ROE 2025-1, la mampostería confinada con pórticos representaba el 60.8 % de las edificaciones, mientras que la mampostería estructural armada alcanzaba el 26.5 %.

En contraste, los sistemas más industrializados todavía tienen una presencia reducida. El vaciado monolítico de hormigón apenas representaba el 0.8 %, mientras que las estructuras metálicas llegaban al 0.6 %.

La fotografía deja una conclusión interesante: República Dominicana está construyendo mucho, pero todavía construye principalmente como ha construido durante décadas.

El cemento y el acero siguen mandando

La dependencia de los sistemas tradicionales también se refleja en los materiales.

En las obras activas de la Región Metropolitana, el cemento gris de uso general representa el 95.2 % de las categorías registradas, muy por encima de las demás alternativas.

El acero presenta un comportamiento similar. Las barras corrugadas o varillas concentran el 95.7 % de las obras que utilizan este material, mientras los perfiles de acero empleados como vigas o columnas apenas alcanzan el 1.1 %.

No se trata necesariamente de una debilidad del sector. El hormigón armado y la mampostería forman parte de un sistema conocido por ingenieros, arquitectos, contratistas y trabajadores dominicanos, existe una cadena de suministro consolidada y el mercado cuenta con amplia experiencia en su utilización.

El problema aparece cuando se analiza la construcción desde otra perspectiva: productividad, velocidad, desperdicio, sostenibilidad y costo final.

Construir más rápido será cada vez más importante

El crecimiento urbano del Gran Santo Domingo está obligando a los desarrolladores a buscar nuevas respuestas.

Los proyectos son cada vez más complejos, los terrenos tienen mayor valor y el comprador presta más atención al diseño, las amenidades, la eficiencia energética y el costo de mantenimiento.

En ese escenario, los sistemas prefabricados, modulares, industrializados y las estructuras metálicas pueden ganar espacio, no necesariamente para sustituir completamente los métodos tradicionales, sino para complementarlos.

La industrialización de la construcción permite trasladar una parte importante del proceso desde la obra hacia ambientes controlados, reduciendo tiempos, desperdicios y determinadas variables asociadas a la ejecución.

Para un mercado donde el costo financiero de una obra puede convertirse en un factor determinante, reducir meses de construcción no es solamente una ventaja técnica. Puede convertirse directamente en rentabilidad.

El reto no es abandonar lo tradicional

La discusión tampoco debería plantearse como una guerra entre construcción tradicional y construcción moderna.

El verdadero desafío para República Dominicana es determinar dónde cada sistema resulta más eficiente.

Un edificio residencial de determinada escala puede continuar encontrando ventajas en el hormigón armado y la mampostería. Mientras tanto, proyectos industriales, comerciales, turísticos o de gran volumen pueden encontrar oportunidades en estructuras metálicas, prefabricados o soluciones híbridas.

La combinación de tecnologías puede ser, de hecho, una de las vías más realistas para modernizar el sector.

El país no necesita necesariamente importar modelos constructivos completos. Necesita desarrollar una industria capaz de incorporar tecnología a los métodos que ya domina.

La sostenibilidad también entra en la ecuación

El debate adquiere todavía mayor importancia cuando se incorpora la variable ambiental.

La construcción genera una cantidad considerable de residuos y demanda grandes volúmenes de materias primas. Por eso, reducir desperdicios, optimizar materiales y mejorar la eficiencia durante la ejecución será cada vez más importante para los desarrolladores.

La sostenibilidad, además, está dejando de ser solamente una herramienta de mercadeo. En los mercados inmobiliarios más desarrollados empieza a relacionarse con costos operativos, valor de los activos, financiamiento y preferencias del comprador.

República Dominicana todavía tiene espacio para avanzar en esa dirección.

El propio comportamiento del mercado muestra que algunos elementos asociados a nuevas formas de construir ya comienzan a aparecer, aunque todavía representan porcentajes pequeños frente al modelo tradicional.

Una oportunidad para la industria dominicana

La permanencia de los sistemas tradicionales no significa que la construcción dominicana esté atrasada. Significa que existe una industria consolidada alrededor de ellos.

El próximo paso consiste en utilizar esa experiencia como plataforma para evolucionar.

Fabricantes, desarrolladores, constructoras, arquitectos e ingenieros tienen ante sí una oportunidad para impulsar una construcción más industrializada, eficiente y sostenible, especialmente en proyectos de gran escala.

La pregunta ya no debería ser si la construcción tradicional va a desaparecer. Probablemente no.

La pregunta más importante es cuánto puede ganar la industria dominicana si logra combinar la experiencia acumulada durante décadas con nuevas tecnologías y procesos constructivos.

Porque el futuro de la construcción no necesariamente será tradicional o industrializado.

Probablemente será una mezcla de ambos.

 

Por Joan G. Feliz
Director Editorial | InCaribe Media
Especialista en turismo, inversión y desarrollo del Caribe

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