El futuro de las rentas cortas no es prohibirlas, es regularlas

Joan G. Feliz, Especialista enb turismo Inmobiliario
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La República Dominicana vive una transformación profunda en su modelo turístico e inmobiliario. Durante décadas, el país construyó su posicionamiento internacional basado principalmente en el desarrollo hotelero tradicional, con grandes complejos turísticos, miles de habitaciones y una industria que se convirtió en uno de los principales motores económicos nacionales.

Sin embargo, el turismo mundial ha cambiado.

El viajero actual busca nuevas experiencias, mayor flexibilidad y opciones de alojamiento diferentes. En ese contexto surgieron las rentas cortas, un modelo que permitió a miles de propietarios convertir sus inmuebles en activos productivos y que también impulsó el crecimiento del turismo inmobiliario en destinos como Punta Cana, Cap Cana, Santo Domingo, Juan Dolio, Bayahíbe, Las Terrenas y Puerto Plata.

Negar esta realidad sería desconocer la evolución del mercado.

Las rentas cortas llegaron para quedarse.

Pero precisamente porque han alcanzado una dimensión importante dentro del ecosistema turístico dominicano, ha llegado el momento de analizarlas con responsabilidad y establecer reglas claras que permitan su crecimiento ordenado.

El futuro de este modelo no debe ser la prohibición.

Debe ser la regulación inteligente.

Un mercado que necesita madurar

Todo sector económico que alcanza un nivel relevante necesita evolucionar desde una etapa de crecimiento hacia una etapa de organización.

Eso ha ocurrido históricamente con muchas industrias.

Las rentas cortas comenzaron como una alternativa para propietarios individuales que buscaban generar ingresos adicionales mediante el alquiler temporal de sus viviendas. Con el tiempo, el modelo evolucionó y hoy existen inversionistas que adquieren múltiples unidades, empresas dedicadas a la administración de propiedades y proyectos inmobiliarios diseñados específicamente para este segmento.

El crecimiento es positivo.

Genera inversión, dinamiza la construcción, crea empleos y amplía la oferta turística.

Pero cuando una actividad alcanza ese nivel de importancia, también debe asumir responsabilidades.

La República Dominicana no puede aspirar a ser un destino turístico de clase mundial con mercados funcionando sin reglas claras.

El derecho de propiedad debe protegerse

Uno de los principios fundamentales de cualquier economía moderna es el respeto al derecho de propiedad.

Una persona que compra un apartamento legalmente tiene derecho a utilizar su inmueble y buscar rentabilidad sobre su inversión.

Ese principio debe preservarse.

La seguridad jurídica es precisamente uno de los elementos que permite atraer inversión nacional e internacional. Nadie quiere colocar capital en un país donde las reglas cambian constantemente o donde no existe claridad sobre el uso de un activo inmobiliario.

Por eso, cualquier regulación debe partir de una premisa básica:

Regular no significa limitar injustificadamente.

Regular significa ordenar.

El objetivo debe ser crear un marco donde propietarios, inversionistas, desarrolladores, turistas y comunidades puedan convivir.

El otro lado de la discusión: los propietarios que viven en los proyectos

Sin embargo, existe una conversación que muchas veces queda fuera del debate.

¿Qué ocurre con las personas que compraron un apartamento para vivir dentro de un proyecto residencial?

Este punto es fundamental.

Cuando una familia adquiere una propiedad en un condominio, no solamente compra una unidad inmobiliaria. Compra seguridad, tranquilidad, servicios comunes y una comunidad.

Compra una forma de vida.

El problema surge cuando un proyecto concebido originalmente como residencial comienza a operar parcialmente como un hotel sin una planificación adecuada.

La llegada constante de visitantes temporales puede generar desafíos relacionados con la convivencia:

  • mayor circulación de personas desconocidas;
  • presión sobre áreas comunes;
  • incremento del ruido;
  • uso intensivo de piscinas, gimnasios y espacios compartidos;
  • desgaste acelerado de instalaciones;
  • conflictos entre residentes permanentes y huéspedes temporales.

No significa que todas las rentas cortas generen problemas.

Sería injusto generalizar.

Existen propietarios responsables y administradores profesionales que operan bajo altos estándares.

Pero también es una realidad que muchos condominios enfrentan situaciones que requieren soluciones.

La seguridad debe formar parte del debate

Uno de los aspectos más importantes es la seguridad.

Los proyectos residenciales invierten grandes recursos en sistemas de control de acceso, vigilancia y protocolos internos para proteger a sus residentes.

Cuando existe una rotación constante de huéspedes de corta permanencia, aumenta el desafío de mantener esos controles.

La pregunta que debemos hacernos como país no es si un propietario tiene derecho a rentar su apartamento.

Ese derecho debe existir.

La pregunta correcta es:

¿Cómo garantizamos que ese derecho individual no afecte la seguridad y tranquilidad colectiva?

Ahí es donde entra la regulación.

Los destinos turísticos más desarrollados del mundo han entendido que la convivencia entre residentes, visitantes y operadores requiere normas claras.

Hoteles y rentas cortas: una competencia que debe ser equilibrada

Otro elemento importante es la relación con el sector hotelero.

Durante años, los hoteles han sido la columna vertebral del turismo dominicano. Han realizado grandes inversiones, generado miles de empleos y desarrollado estándares internacionales de operación.

Los hoteles cumplen con permisos, impuestos, regulaciones de seguridad, normas laborales y múltiples requisitos para operar.

Las rentas cortas representan una nueva realidad, pero el crecimiento de un nuevo modelo no debe traducirse en una competencia desigual.

La discusión no debe ser hoteles contra rentas cortas.

El turismo dominicano necesita ambos.

Pero ambos modelos deben competir bajo reglas claras.

La verdadera competencia debe estar basada en calidad, servicio e innovación, no en diferencias regulatorias.

El papel de los condominios será determinante

El futuro de las rentas cortas también dependerá de la capacidad de los propios condominios para establecer normas internas.

Cada proyecto tiene una naturaleza diferente.

No es igual un desarrollo concebido desde su origen como residencia turística que una torre familiar donde la mayoría de propietarios busca vivir permanentemente.

Los desarrolladores inmobiliarios deben definir claramente desde el inicio el propósito de cada proyecto.

Un comprador debe saber si está adquiriendo en una comunidad residencial, un modelo turístico o un esquema mixto.

La transparencia evitará muchos conflictos futuros.

República Dominicana tiene una oportunidad

Nuestro país tiene todas las condiciones para convertirse en uno de los mercados inmobiliarios turísticos más importantes del Caribe.

Tenemos conectividad aérea, estabilidad turística, inversión extranjera, crecimiento económico y una demanda internacional creciente.

Las rentas cortas pueden formar parte de esa evolución.

Pero para que sean sostenibles necesitan integrarse dentro de una visión más amplia de desarrollo.

Un turismo exitoso no solamente se mide por la cantidad de visitantes que llegan.

También se mide por la calidad de vida de quienes viven en los destinos, la protección de las inversiones y la capacidad de mantener comunidades organizadas.

El camino correcto es el equilibrio

La República Dominicana no debe cometer el error de frenar la innovación.

Pero tampoco debe permitir que un crecimiento acelerado ocurra sin planificación.

El futuro de las rentas cortas no es prohibirlas.

Es regularlas con inteligencia.

Un modelo bien organizado permitirá que los propietarios sigan generando ingresos, que los turistas tengan nuevas opciones de alojamiento, que los hoteles compitan en igualdad de condiciones y que los residentes puedan disfrutar de comunidades seguras y ordenadas.

El verdadero reto del país no es escoger entre turismo tradicional y turismo inmobiliario.

El reto es construir un ecosistema donde ambos puedan convivir y fortalecer la principal industria nacional.

Porque el turismo dominicano del futuro no será de un solo modelo.

Será un turismo más diverso, más profesional y más organizado.

Y para lograrlo necesitamos reglas claras, visión de largo plazo y una convicción fundamental: crecer sí, pero crecer bien.

Por Joan G. Feliz

Director Comercial de Constructora Incaribe, especialista en turismo inmobiliario, inversión y desarrollo del sector construcción.

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