Por Joan Gerardo Feliz
Cada cierto tiempo reaparece el mismo argumento: que el liderazgo turístico de República Dominicana existe gracias a las limitaciones que enfrenta Cuba. Ahora, tras nuevas medidas adoptadas por la administración del presidente Donald Trump contra el régimen cubano y algunos comentarios difundidos en medios y redes sociales, esa teoría vuelve a ocupar espacio en la conversación pública.
Sin embargo, sostener que el éxito dominicano depende de que Cuba permanezca rezagada es una lectura simplista que ignora más de cinco décadas de planificación, inversiones millonarias y una estrategia de Estado que convirtió al turismo en uno de los principales motores de la economía nacional.
No se trata de negar el enorme potencial de Cuba. Al contrario. Pocas islas del Caribe poseen una combinación tan atractiva de historia, arquitectura, cultura, playas y recursos naturales. El pueblo cubano merece la oportunidad de desarrollar plenamente esa industria, y cuando eso ocurra será una buena noticia para toda la región.
Lo que resulta equivocado es asumir que el crecimiento de un país solo puede explicarse por las dificultades de otro.
Un liderazgo construido durante décadas
República Dominicana no despertó un día convertida en la principal potencia turística del Caribe. Ese liderazgo es el resultado de una política sostenida en el tiempo, donde gobiernos de diferentes administraciones entendieron que el turismo debía convertirse en una prioridad nacional.
Durante años se impulsaron incentivos para atraer inversión extranjera, se fortaleció la infraestructura vial y aeroportuaria, se desarrollaron polos turísticos, se promovió la conectividad aérea y se consolidó una estrecha alianza entre el Estado y el sector privado.
A esto se sumó una presencia permanente en los principales escenarios internacionales del turismo, promoviendo la marca país, generando confianza entre inversionistas y posicionando a República Dominicana como un destino competitivo a nivel global.
Nada de eso ocurrió por casualidad.
Los números desmienten la teoría
Las estadísticas reflejan con claridad el resultado de esa estrategia.
En 2025, República Dominicana recibió más de 11.6 millones de visitantes, estableciendo un nuevo récord histórico. Cerca de 8.9 millones llegaron por vía aérea, mientras unos 2.7 millones arribaron mediante cruceros, cifras que consolidan al país como el destino turístico más importante del Caribe.
Ese desempeño no puede explicarse únicamente por la situación política de otro país.
Responde a una industria capaz de generar cientos de miles de empleos directos e indirectos, atraer miles de millones de dólares en inversiones y convertirse en uno de los principales pilares del crecimiento económico nacional.
Mucho más que hoteles y playas
Quizás el mayor error de quienes sostienen esa teoría es que continúan observando el turismo con la lógica de hace treinta años.
República Dominicana dejó hace tiempo de vender únicamente sol y playa.
Hoy el país se posiciona como referente regional en turismo inmobiliario, atrayendo inversionistas extranjeros que no solo adquieren propiedades para vacacionar, sino que establecen una segunda residencia o desarrollan proyectos de alto valor.
El turismo de salud continúa creciendo gracias a la calidad de los centros médicos dominicanos, mientras el turismo deportivo gana protagonismo con torneos internacionales de golf, tenis, fútbol, béisbol, pesca y deportes acuáticos.
La industria de cruceros mantiene una expansión sostenida, el ecoturismo abre oportunidades en nuevos destinos, la gastronomía dominicana fortalece su posicionamiento internacional y el turismo de lujo encuentra cada vez más espacio con desarrollos de clase mundial.
A ello se suma una pujante industria cinematográfica, una red aeroportuaria moderna, nuevos puertos, mejores carreteras y una conectividad aérea que facilita el acceso desde los principales mercados emisores.
En otras palabras, República Dominicana construyó un ecosistema turístico integral que va mucho más allá de la oferta tradicional del Caribe.
La confianza también se construye
Uno de los factores menos mencionados cuando se analiza el éxito dominicano es la confianza que el país ha logrado transmitir a los inversionistas internacionales.
Grandes cadenas hoteleras, desarrolladores inmobiliarios y grupos turísticos decidieron apostar por República Dominicana porque encontraron estabilidad macroeconómica, seguridad jurídica, incentivos claros y un clima favorable para hacer negocios.
Ese ambiente permitió transformar regiones completas y desarrollar destinos que hoy figuran entre los más importantes del continente.
La competitividad turística no depende únicamente de tener playas hermosas. También exige instituciones sólidas, reglas claras e inversiones permanentes.
Competir nunca ha sido un problema
Existe además una percepción equivocada de que el turismo funciona como una competencia donde, si un destino gana visitantes, otro necesariamente los pierde.
La realidad demuestra lo contrario.
España, Francia, Italia, Grecia o Portugal reciben millones de turistas cada año compartiendo el mismo mercado europeo. En el Caribe sucede exactamente igual: Jamaica, Bahamas, Puerto Rico, México y República Dominicana atraen públicos distintos, con ofertas diferenciadas y segmentos específicos.
Cuando Cuba logre desarrollar plenamente su potencial turístico, no desaparecerá el liderazgo dominicano. Simplemente existirá un competidor más fuerte dentro de una región que seguirá creciendo.
La competencia, lejos de ser una amenaza, representa un incentivo para innovar y elevar continuamente la calidad de los servicios.
El verdadero desafío está dentro de casa
Si existe un riesgo para República Dominicana, no proviene de Cuba.
Proviene de la complacencia.
El país debe continuar mejorando su infraestructura, elevar la formación del capital humano, proteger sus recursos naturales, fortalecer la seguridad ciudadana, impulsar nuevos polos turísticos, diversificar su oferta y seguir apostando por la innovación como ventaja competitiva.
Los países líderes no pierden terreno porque otros avanzan.
Lo pierden cuando dejan de evolucionar.
Un mérito que debe reconocerse
Reducir el liderazgo turístico dominicano a la situación de Cuba no solo representa un análisis superficial. También invisibiliza el trabajo realizado durante décadas por empresarios, hoteleros, trabajadores, inversionistas, promotores, aerolíneas, desarrolladores inmobiliarios y servidores públicos que hicieron posible la transformación del país.
República Dominicana ocupa hoy una posición privilegiada en el turismo internacional porque apostó por la planificación, la inversión y la competitividad cuando muchos otros destinos aún buscaban definir su rumbo.
El futuro turístico del Caribe será más fuerte con una Cuba plenamente integrada al mercado internacional. Pero cuando ese momento llegue, República Dominicana seguirá ocupando un lugar de liderazgo, no porque otro país enfrente dificultades, sino porque construyó, paso a paso, una industria sólida, diversificada y preparada para competir en cualquier escenario.
