Por Redacción InCaribe Media
Samaná, República Dominicana. Hace apenas dos años, casi ningún nido de tortuga tinglar sobrevivía en las playas del nordeste dominicano. En 2024, el saqueo afectaba al 95 % de los nidos; en 2025 bajó al 29.6 %, y en la temporada 2026 se redujo hasta el 7.7 %, con 843 crías liberadas al mar. Esos números, que pocas veces se ven en programas de conservación de especies amenazadas, son el resultado del trabajo conjunto entre el operador aeroportuario Aerodom y la Fundación Ecológica Bahía Príncipe (Eco-Bahía), que acaban de renovar su compromiso con una mirada de largo plazo.
Ambas instituciones firmaron una alianza que prolonga hasta 2030 su colaboración para proteger a la tortuga tinglar (Dermochelys coriacea) y a otras especies de tortugas marinas que desovan en la costa nordeste del país. El convenio fue suscrito por Cyril Girot, CEO de Aerodom, e Isabel Piñero, directora de Sostenibilidad de Grupo Piñero.
Una especie gigante en peligro crítico
La tinglar no es una tortuga cualquiera. Se trata de la tortuga marina de mayor tamaño del planeta y de la que más anida en la costa norte dominicana, y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza la clasifica en peligro crítico, con el saqueo de nidos, la contaminación marina y la pérdida de hábitat como sus principales amenazas. El tramo costero que va desde Matancitas, en María Trinidad Sánchez, hasta La Majagua, en Samaná, figura entre las últimas franjas naturales del país donde esta especie todavía desova.
Qué cambió para lograr los resultados
El salto en los indicadores tiene una explicación concreta: más presencia en el terreno. En 2025, el equipo de Eco-Bahía dejó atrás los patrullajes cada dos o tres días para pasar a una vigilancia diaria, y duplicó la extensión de costa protegida, que pasó de 15 a 32 kilómetros. Ese año se protegieron 19 nidos, se recuperaron 1,535 huevos y 461 crías llegaron al mar, mientras que en 2026, primera temporada bajo el nuevo acuerdo, la cifra subió a 26 nidos protegidos y 843 crías liberadas.
El programa seguirá concentrado en puntos clave del litoral. La protección de nidos abarcará las playas de Nagua, La Majagua en Sánchez y Cosón en Las Terrenas, además de la franja costera próxima al aeropuerto, y el corral donde se resguardan los nidos funciona en la comunidad de Los Yayales.
El aeropuerto como puerta de entrada a la naturaleza
Uno de los aspectos más novedosos del acuerdo es el papel que asume la terminal aérea. Aerodom habilitará en el Aeropuerto Internacional Presidente Juan Bosch, en El Catey, un espacio de exhibición con una escultura y un muro dedicados al programa, con el propósito de que los pasajeros conozcan el trabajo de conservación y la importancia de los ecosistemas costeros. El equipo de campo contará además con una oficina dentro del aeropuerto.
La idea tiene un valor turístico evidente. El visitante que llega a Samaná, una de las regiones con mayor vocación ecoturística del país, recibe desde el primer momento un mensaje claro sobre la riqueza natural del destino y la responsabilidad de cuidarla. Para Girot, los resultados del último año demuestran que la colaboración entre empresas, organizaciones especializadas y comunidades puede cambiar la historia de una especie en peligro crítico, y la alianza refuerza la visión de un aeropuerto comprometido con el patrimonio natural dominicano.
Las comunidades, en el centro del programa
La conservación no se sostiene sin la gente que convive con las tortugas. Por eso el acuerdo incluye educación ambiental en las escuelas de Gran Estero, La Majagua, Los Yayales y Matancitas, así como campañas de sensibilización dirigidas a estudiantes, comunidades costeras y personal del aeropuerto. El año pasado, 180 estudiantes de cinco centros educativos participaron en las actividades y 50 residentes de comunidades costeras recibieron formación en buenas prácticas de conservación. También continuarán las liberaciones públicas de crías, que en 2025 congregaron a familias, autoridades de áreas protegidas y representantes municipales.
Isabel Piñero destacó que la conservación rinde sus mejores frutos cuando es constante y compartida, y que el acuerdo ofrece la estabilidad necesaria para seguir protegiendo las playas de Samaná y Nagua temporada tras temporada junto a las comunidades.
Conservar también es una apuesta turística
Más allá de su dimensión ambiental, el programa tiene implicaciones directas para el desarrollo del nordeste como destino. Las organizaciones coinciden en que cuidar estos ecosistemas contribuye a preservar uno de los principales atractivos de Samaná y la costa nordeste para visitantes nacionales y extranjeros, y lo enmarcan como una apuesta por un turismo sostenible que beneficie a las comunidades y a las futuras generaciones.
En un momento en que República Dominicana busca diversificar su oferta y atraer a viajeros interesados en la naturaleza, iniciativas como esta demuestran que el crecimiento turístico y la protección del medio ambiente pueden avanzar en la misma dirección. Desde InCaribe Media seguiremos de cerca este tipo de alianzas, que confirman que el futuro del turismo dominicano depende tanto de su conectividad y su infraestructura como de la salud de sus playas y ecosistemas.
Redacción InCaribe Media
