Hay una pregunta más interesante que ¿por qué los dominicanos están viajando a Brasil?
La verdadera pregunta es: ¿qué está buscando el dominicano cuando decide viajar tan lejos?
Porque Brasil no compite con República Dominicana por las playas. Tampoco ofrece la comodidad lingüística de otros destinos. Y está mucho más lejos que varios de los lugares que tradicionalmente han formado parte del circuito internacional del viajero dominicano.
Precisamente por eso, Brasil dice algo importante sobre el consumidor dominicano de hoy.
El viaje dejó de ser solamente una necesidad de descanso y comenzó a convertirse en una declaración de identidad.
Ya no basta con decir «fui de viaje»
Durante mucho tiempo, determinados destinos internacionales funcionaron casi como símbolos sociales.
Viajar a Nueva York podía significar visitar familiares. Miami podía representar compras. Orlando, vacaciones familiares. Europa, cultura y estatus.
Brasil introduce otra conversación.
Decir que se estuvo en Río de Janeiro, Salvador o São Paulo comunica curiosidad, experiencia y una voluntad de salir del circuito habitual.
El destino comienza a importar tanto como la experiencia.
Y esto tiene una explicación sencilla: cuando una sociedad viaja más, deja de conformarse con los destinos que todo el mundo conoce.
Brasil tiene algo que el dominicano reconoce
Brasil es extranjero, pero no completamente ajeno.
Existe una familiaridad latinoamericana: la música, la energía de las calles, la importancia de la familia, la vida social, la gastronomía y una cultura donde la celebración ocupa un lugar importante.
Pero al mismo tiempo, Brasil es suficientemente diferente para producir sensación de descubrimiento.
Ese equilibrio puede ser una de las claves de su atractivo.
El dominicano puede sentirse culturalmente cómodo sin sentir que está repitiendo el mismo viaje.
Río es la postal. São Paulo es la señal.
Río de Janeiro es el Brasil que se sueña.
Es la ciudad de las playas, el Carnaval, el Cristo Redentor, el Pan de Azúcar y las imágenes que durante décadas han circulado por televisión, cine y ahora redes sociales.
São Paulo, en cambio, representa algo más interesante desde el punto de vista del comportamiento del consumidor.
Es el Brasil que se consume.
Restaurantes, moda, centros comerciales, conciertos, negocios, arte, eventos y una vida urbana de enormes dimensiones.
Que un viajero dominicano mire hacia São Paulo significa que el viaje puede estar dejando de ser únicamente recreativo.
Puede ser también una búsqueda de tendencias.
El teléfono está cambiando el mapa
Antes, para descubrir un destino había que conocer a alguien que hubiera viajado allí.
Ahora basta con deslizar el dedo.
Un dominicano puede desayunar viendo un video de una calle de Río, almorzar mirando un restaurante en São Paulo y terminar el día buscando vuelos.
Las redes sociales no solamente promocionan destinos. Están modificando la imaginación del viajero.
Lo que antes parecía demasiado lejos ahora aparece diariamente en la pantalla del teléfono.
La distancia física continúa siendo la misma.
La distancia mental, no.
El nuevo lujo es haber vivido algo diferente
Aquí aparece otro cambio.
Para una parte del mercado, el lujo ya no consiste únicamente en hospedarse en el hotel más caro.
También puede consistir en tener una experiencia que no todos han tenido.
Un restaurante particular. Un partido. Un concierto. Una ruta gastronómica. Un barrio. Una celebración cultural. Una fotografía que no parece sacada del mismo viaje que hicieron todos los demás.
En ese sentido, Brasil encaja muy bien con una generación de viajeros que está comenzando a valorar la experiencia como una forma de capital social.
No solamente se compra un viaje.
Se compra una historia para contar.
El dominicano está ampliando su radio
Quizás esta sea la conclusión más importante.
El interés por Brasil no debería analizarse solamente como una moda turística.
Puede ser parte de una transformación más profunda del mercado dominicano: el consumidor está ampliando su radio de curiosidad.
Ya no pregunta únicamente cuánto cuesta llegar.
Pregunta qué hay allí que no pueda encontrar aquí.
Y cuando la respuesta incluye cultura, gastronomía, entretenimiento, naturaleza, negocios y una identidad propia, la distancia comienza a perder importancia.
Brasil, entonces, no es solamente otro destino en el mapa.
Es una pista sobre hacia dónde está evolucionando el viajero dominicano.
Un viajero que ya no quiere que le cuenten el mundo.
Quiere salir a verlo.
Por Joan G. Feliz
Director Editorial | InCaribe Media
Turismo, inversión y desarrollo del Caribe.
