Construcción en República Dominicana: las tres demarcaciones que concentran la inversión inmobiliaria y el futuro del desarrollo territorial

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Por Joan G. Feliz
Director General y Editorial | InCaribe Media
Especialista en turismo, inversión y desarrollo del Caribe

 

La construcción dominicana tiene tres grandes protagonistas

La Altagracia, Santo Domingo y el Distrito Nacional concentran el mayor movimiento inmobiliario

La construcción en República Dominicana atraviesa una etapa en la que el territorio se ha convertido en uno de los principales indicadores para entender dónde se mueve la inversión, cuáles mercados mantienen mayor dinamismo y hacia dónde apunta el desarrollo inmobiliario del país.

Detrás de cada edificio, vivienda, hotel, plaza comercial o proyecto residencial existe una decisión de inversión. Y detrás de esas decisiones hay una pregunta que resulta fundamental para constructores, desarrolladores, inversionistas y propietarios de terrenos: ¿dónde se está construyendo más y qué factores explican esa concentración?

Los datos del Anuario Estadísticas Económicas 2025 de la Oficina Nacional de Estadística (ONE), citados por Diario Libre, ofrecen una respuesta concreta. Durante 2025, tres demarcaciones concentraron el 75 % del valor tasado de las obras de construcción: La Altagracia, Santo Domingo y el Distrito Nacional.

La distribución revela la importancia que mantienen los principales polos turísticos y urbanos de República Dominicana. Por un lado, La Altagracia representa el peso de la actividad turística e inmobiliaria vinculada a Punta Cana. Por otro, Santo Domingo y el Distrito Nacional reflejan la demanda de vivienda, oficinas, comercios y nuevas edificaciones que genera el principal centro urbano y económico del país.

No se trata solamente de saber qué provincias tienen más construcciones. La información permite observar cómo se distribuye la inversión y cuáles son las condiciones que hacen que determinados territorios atraigan una mayor cantidad de proyectos.

La Altagracia: el turismo como motor de la construcción

La provincia La Altagracia encabezó el valor tasado de las obras de construcción durante 2025, con RD$25,142.7 millones.

El resultado tiene una relación directa con el desarrollo que ha experimentado Punta Cana y su entorno durante las últimas décadas. La zona se ha convertido en uno de los principales mercados turísticos e inmobiliarios del Caribe, con una oferta que combina hoteles, residencias vacacionales, apartamentos, villas, campos de golf, comercios y servicios para visitantes y residentes.

La importancia de La Altagracia dentro del sector construcción demuestra que el turismo no es una actividad aislada de la economía inmobiliaria. Por el contrario, cuando un destino turístico crece, también aumenta la demanda de nuevas instalaciones, servicios, viviendas para trabajadores, espacios comerciales y proyectos que atiendan a distintos perfiles de compradores.

El desarrollo de Punta Cana ha generado oportunidades para constructoras, suplidores de materiales, arquitectos, ingenieros, empresas de servicios y profesionales vinculados a la inversión inmobiliaria.

Sin embargo, la concentración de la construcción también obliga a mirar el crecimiento desde una perspectiva más amplia.

Un territorio puede atraer grandes inversiones y, al mismo tiempo, enfrentar desafíos relacionados con la movilidad, los servicios básicos, el ordenamiento urbano y la capacidad de sus infraestructuras para acompañar el crecimiento.

El futuro de La Altagracia no dependerá únicamente de cuántos proyectos se construyan, sino de cómo se organiza esa expansión y de la capacidad de mantener las condiciones que han convertido a la provincia en uno de los mercados más importantes de República Dominicana.

Santo Domingo: vivienda, comercio y expansión urbana

Santo Domingo ocupó el segundo lugar entre las demarcaciones con mayor valor tasado de obras de construcción en 2025, con RD$16,244.4 millones.

La provincia representa un mercado diferente al de La Altagracia, aunque ambos comparten una característica: concentran una importante demanda de nuevos espacios.

En Santo Domingo, el desarrollo inmobiliario está estrechamente vinculado al crecimiento de la población, la expansión urbana, la necesidad de vivienda y la actividad comercial.

La construcción de apartamentos constituye una parte importante de ese movimiento, pero también se suman plazas comerciales, oficinas, almacenes, centros educativos, instalaciones de servicios y otras edificaciones necesarias para atender las necesidades de una población que continúa demandando nuevos espacios.

En las zonas metropolitanas, el sector inmobiliario responde a múltiples factores. Las familias buscan viviendas con mejores condiciones, los inversionistas buscan proyectos con potencial de rentabilidad y las empresas necesitan ubicaciones adecuadas para sus operaciones.

Esa combinación convierte a Santo Domingo en un mercado con distintas oportunidades, desde proyectos residenciales dirigidos a compradores de primera vivienda hasta desarrollos de mayor escala destinados a segmentos de ingresos más altos.

La concentración de inversión en la provincia también plantea una discusión sobre el crecimiento de los municipios que integran el área metropolitana.

El desarrollo no debe analizarse únicamente desde la perspectiva de los grandes proyectos. También es necesario observar cómo evolucionan las comunidades, qué servicios reciben y cuáles son las condiciones que determinan la calidad de vida de quienes habitan esas zonas.

Distrito Nacional: el valor de la ubicación

El Distrito Nacional registró RD$15,503.3 millones en obras de construcción tasadas durante 2025.

Aunque su extensión territorial es menor que la de muchas provincias, su importancia económica y urbana lo convierte en uno de los mercados más relevantes para el sector inmobiliario dominicano.

La concentración de oficinas, comercios, instituciones, servicios profesionales y zonas residenciales consolidadas genera una demanda constante de nuevas edificaciones y de proyectos que aprovechen mejor los terrenos disponibles.

En el Distrito Nacional, el valor de la ubicación tiene un peso especial.

La cercanía a centros de trabajo, servicios, vías principales y áreas comerciales influye en las decisiones de compradores e inversionistas. Esto explica por qué determinados sectores mantienen una actividad inmobiliaria significativa y por qué los terrenos bien ubicados representan un activo importante dentro del mercado.

El desarrollo vertical también forma parte de la transformación urbana de la capital. En zonas donde el suelo disponible es limitado o costoso, los proyectos de apartamentos pueden ofrecer una alternativa para atender la demanda de vivienda sin depender exclusivamente de la expansión horizontal.

Pero la construcción vertical requiere planificación. La capacidad de las calles, los estacionamientos, el drenaje, el suministro de agua y otros servicios deben acompañar el crecimiento de las edificaciones.

El reto consiste en que el desarrollo inmobiliario sea compatible con las condiciones urbanas de cada sector.

Tres territorios, una misma señal

La suma del valor tasado de las obras en La Altagracia, Santo Domingo y el Distrito Nacional representa una parte significativa de la actividad constructiva del país.

La señal que ofrecen estos datos es clara: la inversión inmobiliaria dominicana mantiene una fuerte relación con los territorios donde existe demanda turística, actividad económica, concentración poblacional y capacidad de atraer capital.

Esto no significa que las demás provincias carezcan de oportunidades. Significa que los grandes polos de desarrollo concentran actualmente una proporción importante del movimiento constructivo.

Para el sector privado, conocer esta distribución es fundamental.

Una constructora que evalúa un nuevo proyecto necesita estudiar la demanda, los costos del terreno, el acceso a servicios, la competencia y las condiciones del mercado. Los datos territoriales pueden servir como punto de partida para identificar dónde existe mayor actividad y qué factores explican esa realidad.

La construcción, al final, no se mueve únicamente por la disponibilidad de terrenos. Se mueve donde convergen las condiciones para que un proyecto tenga sentido económico.

Y esa es precisamente la discusión que abre la concentración de las obras en estas tres demarcaciones.

 

Más de 5.1 millones de metros cuadrados en construcción: qué revela el mercado dominicano

La superficie construida permite entender la magnitud del desarrollo inmobiliario

El valor económico de las obras es uno de los indicadores más importantes para analizar el sector construcción, pero no es el único.

También resulta necesario observar la cantidad de metros cuadrados que se están edificando, porque este dato permite dimensionar la actividad constructiva y entender cómo se distribuye físicamente el desarrollo inmobiliario.

De acuerdo con las cifras de la Oficina Nacional de Estadística citadas por Diario Libre, durante 2025 había poco más de 5.1 millones de metros cuadrados en construcción en República Dominicana.

De ese total, La Altagracia, Santo Domingo y el Distrito Nacional reunieron aproximadamente 3.8 millones de metros cuadrados.

La distribución muestra nuevamente el peso de estos territorios dentro del mercado.

La Altagracia concentró alrededor de 1.5 millones de metros cuadrados, Santo Domingo aproximadamente 1.3 millones y el Distrito Nacional unos 958 mil metros cuadrados.

Estos números permiten observar que la concentración no se limita al valor económico de las obras. También existe una importante acumulación de superficie construida en los principales polos turísticos y urbanos.

¿Qué significa construir más metros cuadrados?

La superficie en construcción puede representar diferentes tipos de proyectos.

Un edificio residencial, un hotel, una plaza comercial y una nave industrial pueden tener características muy distintas, aunque todos forman parte de la actividad constructiva.

Por esa razón, los metros cuadrados deben analizarse junto con el tipo de obra, su ubicación, su destino y el valor de la inversión.

En el caso de La Altagracia, una parte importante de la actividad se relaciona con el desarrollo turístico e inmobiliario. En Santo Domingo y el Distrito Nacional, la construcción responde a una combinación de vivienda, comercio, oficinas y otros usos urbanos.

La diferencia es importante porque cada mercado tiene sus propios factores de demanda.

Un proyecto hotelero depende de las perspectivas del turismo, la conectividad, la operación y la demanda de visitantes. Un proyecto residencial depende de la capacidad de compra, el financiamiento, la ubicación y las necesidades de los hogares.

El análisis de los metros cuadrados permite conocer la escala del movimiento, pero no sustituye el estudio de la viabilidad de cada proyecto.

La vivienda continúa siendo una pieza central del sector

El crecimiento de las ciudades dominicanas genera una necesidad permanente de nuevos espacios residenciales.

En Santo Domingo y el Distrito Nacional, la demanda de apartamentos está relacionada con la expansión urbana, la formación de nuevos hogares y la búsqueda de viviendas ubicadas cerca de los principales centros de actividad.

En La Altagracia, la situación incorpora además la dinámica turística y la demanda de residencias vacacionales y proyectos inmobiliarios vinculados a los destinos turísticos.

El desarrollo de viviendas representa oportunidades para distintos segmentos del mercado.

Existen compradores que buscan su primera propiedad, familias que necesitan una vivienda más amplia, inversionistas interesados en alquileres y compradores que buscan una segunda residencia.

Cada segmento tiene condiciones diferentes.

La ubicación, el precio por metro cuadrado, la distribución de los espacios, las facilidades de financiamiento y la calidad constructiva influyen en las decisiones de compra.

Para las constructoras, entender esas diferencias es fundamental para diseñar proyectos que respondan a necesidades reales.

No todos los terrenos deben destinarse al mismo tipo de desarrollo, ni todos los mercados tienen la misma capacidad de absorber nuevas unidades.

El valor del terreno y la ubicación

Uno de los factores que explica la concentración de la construcción es el valor económico de la ubicación.

Los terrenos situados cerca de vías importantes, centros comerciales, áreas turísticas, servicios y zonas de empleo suelen tener características que los hacen atractivos para determinados proyectos.

En el Distrito Nacional, la disponibilidad limitada de suelo y la demanda por ubicaciones estratégicas pueden influir en los precios de los terrenos y en el tipo de edificaciones que se desarrollan.

En Santo Domingo, la expansión urbana permite analizar diferentes mercados, desde sectores consolidados hasta zonas donde la infraestructura y los servicios pueden acompañar nuevos proyectos.

En La Altagracia, el valor de los terrenos está relacionado con el potencial turístico, la conectividad y la cercanía a los principales centros de actividad.

Sin embargo, una buena ubicación no garantiza por sí sola el éxito de un proyecto.

El desarrollador debe evaluar el costo total de la inversión, los permisos, los servicios, la demanda y el tiempo necesario para recuperar el capital.

El mercado inmobiliario exige una lectura integral de cada oportunidad.

La construcción y el financiamiento

El sector construcción también está vinculado al financiamiento.

Los proyectos requieren capital para la adquisición de terrenos, diseño, permisos, materiales, mano de obra y ejecución de las obras.

En el caso de los proyectos residenciales, el acceso al crédito hipotecario puede influir en la capacidad de los compradores para adquirir una vivienda.

Cuando una familia no puede acceder a financiamiento en condiciones adecuadas, la demanda efectiva puede ser menor que la necesidad habitacional existente.

Por eso, el crecimiento de las construcciones debe analizarse junto con la capacidad real de compra de la población.

Un mercado puede registrar una gran cantidad de proyectos y, al mismo tiempo, enfrentar dificultades para que determinadas familias puedan adquirir las unidades disponibles.

Para los desarrolladores, esto implica estudiar no solamente cuánto se está construyendo, sino también quiénes son los compradores, qué precios pueden asumir y cuáles son las condiciones del financiamiento.

La inversión inmobiliaria necesita conectar la oferta con la demanda.

La infraestructura como condición para el crecimiento

El desarrollo de nuevos proyectos genera actividad económica, pero también aumenta la presión sobre las infraestructuras.

Las calles, avenidas, sistemas de agua potable, drenaje, electricidad, transporte y servicios públicos deben responder al crecimiento de las edificaciones.

Este aspecto resulta especialmente relevante en los territorios que concentran grandes inversiones.

En La Altagracia, la expansión turística e inmobiliaria demanda una infraestructura capaz de sostener el crecimiento de los destinos.

En Santo Domingo y el Distrito Nacional, el aumento de la densidad urbana exige soluciones para la movilidad, el estacionamiento, los servicios y el ordenamiento territorial.

La construcción no debe evaluarse solamente por el número de edificios terminados. También debe observarse cómo esos proyectos se integran al territorio.

Un desarrollo inmobiliario puede generar valor para sus compradores y para sus inversionistas, pero su impacto será mayor si contribuye a crear comunidades funcionales, accesibles y con servicios adecuados.

¿Dónde están las oportunidades fuera de los tres grandes polos?

La concentración de la actividad en La Altagracia, Santo Domingo y el Distrito Nacional abre también una conversación sobre el potencial de otras demarcaciones.

República Dominicana cuenta con territorios que poseen recursos turísticos, crecimiento poblacional, actividad comercial y posibilidades de expansión inmobiliaria.

Santiago, Puerto Plata, La Romana, San Pedro de Macorís, Santo Domingo Norte y otras zonas pueden ser objeto de análisis para nuevos proyectos.

Pero no se trata de asumir que cualquier provincia está preparada para recibir grandes inversiones.

Cada territorio requiere un estudio particular.

La disponibilidad de servicios, el acceso vial, la demanda, la seguridad jurídica, el costo del terreno y las condiciones del entorno son factores que deben evaluarse antes de tomar una decisión.

La diversificación territorial puede generar oportunidades, pero necesita planificación.

El papel de los desarrolladores y las constructoras

El sector privado tiene una responsabilidad importante en la transformación del territorio.

Las constructoras no solamente ejecutan obras. También participan en la creación de viviendas, espacios comerciales, instalaciones turísticas y proyectos que modifican la forma en que las personas viven y trabajan.

Por esa razón, la calidad de la planificación y la ejecución resulta fundamental.

El crecimiento inmobiliario debe acompañarse de diseños adecuados, materiales de calidad, cumplimiento de las normas, supervisión técnica y una visión de largo plazo.

Los proyectos que se integran correctamente al entorno pueden contribuir a mejorar la oferta de servicios y generar nuevas oportunidades económicas.

La construcción es, en ese sentido, una actividad que conecta inversión, empleo, vivienda y desarrollo territorial.

Los datos de 2025 permiten observar dónde se concentra ese movimiento. El siguiente paso consiste en analizar cómo puede crecer el sector de manera organizada y sostenible.

 

El futuro del desarrollo inmobiliario en RD: oportunidades, nuevos polos y el reto de construir con planificación

La concentración de la construcción plantea una pregunta sobre el futuro del país

La construcción en República Dominicana mantiene una relación directa con el crecimiento económico, el desarrollo turístico y la expansión de las ciudades.

Los datos de 2025 muestran que La Altagracia, Santo Domingo y el Distrito Nacional concentraron una parte importante del valor y la superficie de las obras en construcción.

Esa realidad permite identificar los mercados donde existe mayor actividad, pero también abre una discusión sobre el futuro del desarrollo territorial.

¿Debe continuar la inversión concentrándose en los grandes polos o existen oportunidades para impulsar nuevos mercados inmobiliarios?

La respuesta requiere analizar las condiciones de cada territorio.

República Dominicana cuenta con zonas que pueden desarrollar una oferta turística, residencial, comercial o industrial más amplia. Sin embargo, la inversión necesita acompañarse de planificación, infraestructura y una demanda que permita sostener los proyectos.

El reto no es simplemente construir más. Es construir donde exista una oportunidad real y donde las condiciones permitan que el desarrollo genere beneficios duraderos.

Santo Domingo Norte y la expansión metropolitana

Dentro del área metropolitana de Santo Domingo, el crecimiento de los municipios y sectores ubicados fuera del centro tradicional representa una oportunidad para analizar nuevos proyectos residenciales.

Santo Domingo Norte, por ejemplo, cuenta con zonas donde el desarrollo urbano puede continuar expandiéndose, siempre que existan condiciones adecuadas de acceso, servicios y demanda.

La expansión metropolitana genera necesidades de vivienda para familias que buscan alternativas residenciales fuera de las zonas más costosas del Distrito Nacional.

También abre oportunidades para proyectos de diferentes tamaños y características.

El desarrollo de apartamentos, viviendas familiares, comercios y servicios puede contribuir a crear nuevos centros urbanos.

Pero el crecimiento debe acompañarse de una visión de planificación.

La expansión de las viviendas sin suficiente infraestructura puede generar problemas de movilidad, servicios y calidad de vida.

Para los desarrolladores, esto significa que la evaluación de un terreno debe incluir no solamente su precio y ubicación, sino también las condiciones del entorno y las posibilidades de crecimiento de la zona.

El potencial inmobiliario de un territorio depende de múltiples factores.

El turismo como generador de nuevos mercados

La Altagracia es el principal ejemplo de cómo el turismo puede transformar la construcción y el mercado inmobiliario.

El crecimiento de Punta Cana ha generado una demanda de hoteles, villas, apartamentos, servicios y espacios comerciales.

Pero el desarrollo turístico dominicano no se limita a esa provincia.

Miches, Puerto Plata, La Romana, Bayahibe, Samaná y otras zonas cuentan con características que pueden ser analizadas desde la perspectiva de la inversión turística e inmobiliaria.

Cada destino tiene una identidad y unas condiciones diferentes.

Miches, por ejemplo, ha atraído atención por sus proyectos turísticos y su potencial de desarrollo.

Puerto Plata cuenta con una historia turística consolidada y recursos naturales que permiten analizar oportunidades de renovación, expansión y diversificación.

Samaná combina naturaleza, turismo de experiencias y posibilidades de desarrollo vinculadas a sus paisajes y comunidades.

La Romana y Bayahibe tienen una relación importante con el turismo, los servicios y la actividad inmobiliaria de la región Este.

El desarrollo de estos territorios requiere una visión que integre hoteles, residencias, restaurantes, actividades, infraestructura y servicios.

La oportunidad no consiste únicamente en construir nuevas habitaciones o apartamentos. También está en crear destinos que ofrezcan experiencias completas y que puedan sostener su crecimiento en el tiempo.

La construcción necesita una visión de desarrollo territorial

El crecimiento inmobiliario puede generar beneficios importantes para la economía dominicana.

La construcción moviliza materiales, mano de obra, servicios profesionales, transporte y financiamiento.

También contribuye a crear nuevos espacios para vivir, trabajar, producir y recibir visitantes.

Sin embargo, los beneficios dependen de cómo se desarrolla la actividad.

La planificación territorial debe ayudar a definir dónde se puede construir, qué tipo de proyectos son adecuados y cuáles son las condiciones que deben cumplirse.

El ordenamiento urbano es especialmente importante en zonas donde existe una fuerte presión de inversión.

En los grandes centros urbanos, el crecimiento de los edificios debe coordinarse con la movilidad, el drenaje, los servicios y los espacios públicos.

En los destinos turísticos, la construcción debe considerar la capacidad ambiental, la protección de los recursos naturales y la relación con las comunidades.

La inversión inmobiliaria no puede separarse de las condiciones que hacen atractivo un territorio.

Una playa, una montaña, un centro histórico o una zona urbana consolidada pueden perder parte de su valor si el crecimiento se produce sin planificación.

Por eso, el desarrollo debe analizarse desde una perspectiva de largo plazo.

Nuevas oportunidades para la inversión inmobiliaria

El mercado dominicano ofrece diferentes posibilidades para inversionistas y desarrolladores.

La vivienda continúa siendo una de las principales necesidades de la población. Los proyectos residenciales pueden orientarse a distintos segmentos, desde compradores de primera vivienda hasta familias que buscan mejores ubicaciones y condiciones.

El turismo abre oportunidades para hoteles, apartamentos turísticos, villas y desarrollos vinculados a experiencias.

El crecimiento comercial genera demanda de plazas, locales, oficinas y espacios para empresas.

La expansión de las ciudades también puede crear oportunidades para proyectos de servicios, almacenamiento y otras actividades económicas.

Pero cada oportunidad requiere una evaluación particular.

El inversionista debe conocer el mercado, estudiar la demanda, revisar los costos y analizar los riesgos.

La ubicación es importante, pero también lo son la calidad del proyecto, la ejecución, el financiamiento y la capacidad de responder a las necesidades de los compradores.

La construcción no es una actividad que permita improvisaciones.

El precio por metro cuadrado y la demanda

Uno de los temas más importantes para el sector inmobiliario es la relación entre el precio de las propiedades y la capacidad de compra.

En determinadas zonas del Distrito Nacional, el valor del suelo y la demanda pueden influir en el precio de los apartamentos.

En otras áreas de Santo Domingo, los proyectos pueden ofrecer alternativas dirigidas a compradores que buscan una relación diferente entre ubicación, tamaño y precio.

En los destinos turísticos, los valores inmobiliarios también pueden variar según la cercanía al mar, los servicios, la marca del proyecto, las facilidades y el tipo de comprador.

Para los desarrolladores, conocer el precio por metro cuadrado es fundamental, pero no suficiente.

También deben estudiar la velocidad de venta, el inventario disponible, la competencia y las condiciones económicas.

Un proyecto puede tener una buena ubicación y un diseño atractivo, pero enfrentar dificultades si sus precios no corresponden con la demanda.

La planificación financiera y comercial resulta esencial para reducir riesgos.

Construir para el futuro

La concentración de la construcción en La Altagracia, Santo Domingo y el Distrito Nacional demuestra que el desarrollo inmobiliario dominicano se mueve alrededor de los principales polos turísticos y urbanos.

Estos territorios continuarán siendo importantes para el sector, pero el futuro también dependerá de la capacidad de identificar nuevas oportunidades y desarrollar otros mercados.

La expansión hacia nuevas zonas puede contribuir a diversificar la economía, generar empleos y crear alternativas de vivienda y servicios.

Sin embargo, la diversificación debe estar acompañada de planificación, inversión en infraestructura y una visión de desarrollo que considere las necesidades de las comunidades.

El sector construcción tiene la oportunidad de participar activamente en esa transformación.

Las constructoras, desarrolladores, instituciones financieras, autoridades y profesionales deben trabajar con una visión que conecte los proyectos individuales con el crecimiento general del territorio.

La construcción puede ser una herramienta para mejorar la calidad de vida, crear nuevas oportunidades económicas y fortalecer el desarrollo de República Dominicana.

Pero para lograrlo, el país necesita continuar avanzando hacia una planificación que permita construir de manera ordenada, eficiente y sostenible.

El desafío de pasar de construir a desarrollar

La diferencia entre levantar una edificación y desarrollar un territorio está en la visión.

Construir es ejecutar una obra. Desarrollar implica entender cómo esa obra se integra a una comunidad, a una ciudad o a un destino turístico.

Los datos de 2025 muestran dónde se concentra la actividad constructiva. El desafío para los próximos años será aprovechar esa inversión para generar espacios funcionales, competitivos y sostenibles.

República Dominicana tiene oportunidades importantes en el turismo, la vivienda, el comercio y la expansión urbana.

El sector inmobiliario puede continuar creciendo, pero necesita decisiones fundamentadas en información, planificación y conocimiento del mercado.

La construcción dominicana tiene tres grandes protagonistas en la actualidad: La Altagracia, Santo Domingo y el Distrito Nacional.

El futuro, sin embargo, dependerá también de la capacidad de ampliar las oportunidades hacia otros territorios y de garantizar que el desarrollo inmobiliario contribuya al bienestar de las comunidades.

Porque el verdadero crecimiento no se mide solamente por la cantidad de metros cuadrados construidos.

También se mide por la calidad de los proyectos, las oportunidades que generan y la capacidad de transformar el territorio de manera positiva.

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