Turismo accesible: el mercado que República Dominicana todavía tiene espacio para conquistar

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Por Joan G. Feliz
Director Editorial | InCaribe Media

Durante años, cuando se hablaba de turismo accesible en República Dominicana, la conversación estaba concentrada principalmente en la necesidad de eliminar barreras y garantizar que las personas con discapacidad pudieran disfrutar de las mismas experiencias que cualquier otro visitante.

Ese enfoque sigue siendo fundamental, pero la industria turística está comenzando a mirar el tema desde otra perspectiva: la accesibilidad también representa un mercado.

Y República Dominicana tiene todavía un amplio espacio para desarrollarlo.

La evolución reciente comienza a mostrar señales concretas. En septiembre de 2025, La Romana-Bayahíbe fue declarada oficialmente como el primer destino turístico accesible e inclusivo de República Dominicana, mediante una alianza entre el Ministerio de Turismo, la Asociación de Hoteles La Romana-Bayahíbe y el Clúster Turístico de ese destino, con acompañamiento técnico de Open Doors Organization y Travegali.

Un año después, el concepto empieza a extenderse a otros polos. Puerto Plata firmó en agosto de 2026 un convenio para desarrollar un modelo integral de accesibilidad que busca convertir al destino en el segundo del país bajo este esquema.

Y en septiembre, la Asociación de Hoteles y Turismo de la República Dominicana (Asonahores) y Travegali formalizaron un acuerdo para incorporar criterios de accesibilidad en alojamientos, transporte, actividades, eventos y otros componentes de la cadena turística.

Lo interesante es que estas iniciativas están cambiando la conversación.

Ya no se trata únicamente de colocar una rampa en un hotel o adaptar un baño. Se trata de construir una experiencia turística completa que pueda ser utilizada por personas con diferentes necesidades.

Un mercado que no es pequeño

La dimensión de esta oportunidad ayuda a entender por qué el turismo accesible comienza a ganar espacio dentro de las estrategias de los destinos.

Según datos citados por la Asociación de Hoteles La Romana-Bayahíbe, más de 1,300 millones de personas viven en el mundo con alguna discapacidad significativa. La misma organización ha señalado que en América Latina y el Caribe existe un mercado potencial de alrededor de 85 millones de personas.

No significa que todas esas personas sean potenciales turistas de República Dominicana, pero sí permite dimensionar el tamaño del universo al que los destinos pueden intentar llegar.

Además, existe otro fenómeno que puede hacer todavía más relevante esta conversación: el envejecimiento de la población de los principales mercados emisores.

Estados Unidos y Europa concentran algunos de los mercados turísticos más importantes para República Dominicana. A medida que aumenta la edad promedio de sus poblaciones, también crece la necesidad de servicios turísticos que contemplen movilidad reducida, accesibilidad física, información clara y asistencia especializada.

Esto significa que la accesibilidad no necesariamente debe verse como un producto de nicho.

Puede convertirse progresivamente en una característica básica de un destino turístico competitivo.

No basta con adaptar el hotel

Uno de los mayores desafíos para República Dominicana es precisamente entender que el turismo accesible no termina en la habitación de hotel.

Una persona puede encontrar una habitación perfectamente adaptada y, sin embargo, tener dificultades para llegar desde el aeropuerto.

Puede disponer de una rampa en el hotel, pero no encontrar transporte adecuado para trasladarse a una excursión.

Puede tener acceso a una playa, pero no contar con una silla anfibia o una pasarela que le permita llegar al agua.

Puede reservar una excursión por internet y descubrir al llegar que la información sobre accesibilidad no era suficientemente precisa.

Por eso, la discusión debe trasladarse desde el establecimiento individual hacia la cadena completa de la experiencia turística.

Eso incluye aeropuertos, transporte terrestre, hoteles, restaurantes, playas, excursiones, parques, museos, espacios públicos, señalización, páginas web, sistemas de reserva y capacitación del personal.

El acuerdo firmado recientemente entre Asonahores y Travegali precisamente plantea trabajar sobre varios de esos componentes y promover que los criterios de accesibilidad sean considerados desde la planificación de los productos turísticos y no únicamente después de construidos.

Ese cambio de enfoque puede resultar determinante.

Bayahíbe abrió el camino

La experiencia de La Romana-Bayahíbe es particularmente importante porque plantea la accesibilidad como una estrategia de destino y no como una iniciativa aislada de un establecimiento.

El programa Destino La Romana Accesible involucra al sector público, empresarios turísticos y organizaciones especializadas.

La declaración oficial de 2025 estableció como objetivo desarrollar un nuevo estándar de accesibilidad universal para el destino y mejorar las condiciones de playas y otros espacios turísticos.

Para un país que ha construido buena parte de su éxito turístico alrededor del sol y playa, este punto resulta especialmente relevante.

Una playa accesible no es simplemente una playa donde puede llegar una persona con silla de ruedas.

Implica pensar en el recorrido completo: estacionamiento, acceso, baños, caminería, zonas de descanso, señalización y, cuando corresponda, equipamiento especializado.

El programa Bandera Azul, por ejemplo, contempla entre sus criterios elementos como baños accesibles, sillas anfibias, rampas, pasarelas, estacionamientos accesibles y continuidad en el recorrido.

En otras palabras, la accesibilidad empieza mucho antes de entrar al agua.

Puerto Plata entra en la conversación

Puerto Plata representa otro caso interesante.

El destino firmó recientemente el acuerdo «Puerto Plata, Destino Accesible», mediante el cual el Clúster Turístico del Destino Puerto Plata, Travegali y el Ministerio de Turismo buscan desarrollar un modelo integral de accesibilidad, con el respaldo del Ayuntamiento de San Felipe de Puerto Plata.

Esto tiene una importancia particular porque Puerto Plata posee una oferta turística mucho más diversificada que el tradicional modelo de resort.

Su propuesta incluye hoteles, restaurantes, patrimonio histórico, teleférico, playas, excursiones, turismo de naturaleza y una creciente actividad de cruceros.

Precisamente por eso, convertir el destino en una experiencia accesible requiere trabajar sobre múltiples componentes.

Y ahí aparece una oportunidad interesante: si un destino logra integrar accesibilidad en toda su cadena de valor, puede diferenciarse no solamente por infraestructura, sino por la calidad y previsibilidad de la experiencia que ofrece.

La información también es infraestructura

Existe otro problema menos visible, pero fundamental: la información.

Para un viajero con discapacidad no basta saber que un hotel tiene una habitación accesible.

Necesita conocer exactamente qué significa «accesible».

¿La puerta tiene el ancho suficiente?

¿El baño tiene ducha adaptada?

¿Hay barras de apoyo?

¿Existe acceso directo a la piscina?

¿La playa cuenta con silla anfibia?

¿El transporte puede movilizar una silla de ruedas?

¿La excursión es adecuada para una persona con movilidad reducida?

¿Existe información para personas con discapacidad visual o auditiva?

Una antigua Guía de Turismo Accesible de República Dominicana ya identificaba esta necesidad y recopilaba información sobre hoteles, restaurantes y otros establecimientos, especificando las facilidades disponibles según diferentes tipos de discapacidad.

El desafío ahora es llevar esa información al ecosistema digital donde el turista realmente toma sus decisiones.

Porque un destino puede ser físicamente accesible y comercialmente invisible para el viajero si no comunica correctamente sus condiciones de accesibilidad.

Una oportunidad para hoteles y desarrolladores

Desde el punto de vista empresarial, este segmento también abre una conversación interesante para la hotelería y el desarrollo inmobiliario turístico.

La accesibilidad puede incorporarse desde el diseño de un proyecto nuevo con un costo y una eficiencia diferentes a los que implica modificar posteriormente una infraestructura existente.

Eso puede llevar a que los nuevos proyectos turísticos comiencen a considerar la accesibilidad universal desde sus planos iniciales.

No solamente por cumplimiento normativo o responsabilidad social, sino porque puede ampliar el universo de clientes.

La misma lógica aplica para los proyectos inmobiliarios vinculados al turismo.

República Dominicana está viviendo un crecimiento importante del turismo inmobiliario y de los proyectos destinados a compradores nacionales e internacionales. En ese escenario, desarrollar propiedades y comunidades que contemplen accesibilidad desde su diseño puede convertirse en un elemento diferenciador.

La accesibilidad también puede formar parte de la planificación del producto turístico.

El turismo accesible no es solamente para personas con discapacidad

Hay un aspecto que suele perderse en esta conversación.

Las soluciones de accesibilidad benefician a un universo mucho mayor que el de las personas con discapacidad.

Una persona mayor puede necesitar una habitación sin barreras.

Una familia que viaja con un niño pequeño puede beneficiarse de determinados accesos.

Una persona que se recupera temporalmente de una lesión puede requerir condiciones similares.

Un viajero con equipaje pesado puede valorar una infraestructura diseñada para facilitar la movilidad.

Es decir, cuando un destino mejora su accesibilidad, no necesariamente está construyendo una oferta exclusiva; está mejorando la experiencia general.

Ese concepto es fundamental para entender por qué algunos destinos internacionales han incorporado la accesibilidad dentro de sus estrategias generales de competitividad turística.

El reto: pasar de iniciativas aisladas a una estrategia nacional

República Dominicana ya tiene experiencias concretas y actores que están trabajando en el tema.

La declaración de La Romana-Bayahíbe, el avance de Puerto Plata y el acuerdo entre Asonahores y Travegali son señales de que el sector está avanzando.

Pero todavía queda una tarea mayor: conectar esas iniciativas.

Un turista no viaja solamente a un hotel.

Compra un boleto aéreo, utiliza un aeropuerto, contrata transporte, llega a un alojamiento, visita restaurantes, realiza excursiones y utiliza espacios públicos.

Por eso, la experiencia accesible debe funcionar como una cadena.

Si uno de los eslabones falla, la experiencia completa puede deteriorarse.

La República Dominicana tiene además una ventaja importante: ya cuenta con una industria turística desarrollada, una amplia oferta hotelera y una infraestructura turística que recibe millones de visitantes cada año.

El desafío consiste en incorporar progresivamente la accesibilidad dentro de ese sistema.

Más que inclusión: competitividad

La discusión sobre turismo accesible suele comenzar desde la inclusión, y debe hacerlo.

Pero puede terminar hablando también de competitividad, inversión y crecimiento.

Un destino capaz de recibir adecuadamente a una mayor diversidad de viajeros puede ampliar su mercado potencial.

Un hotel que comunica con precisión sus condiciones de accesibilidad puede llegar a clientes que actualmente descartan destinos por falta de información.

Una excursión que adapta sus servicios puede abrir una nueva línea de negocio.

Y una ciudad turística que elimina barreras puede mejorar la experiencia de residentes y visitantes al mismo tiempo.

República Dominicana ha demostrado durante décadas que sabe competir en el turismo internacional.

Ahora aparece un nuevo desafío: hacer que esa capacidad de competir incluya también la capacidad de recibir a todos.

El turismo accesible puede convertirse en uno de los próximos capítulos de la evolución de la industria dominicana.

Y, si se desarrolla correctamente, no será simplemente una estrategia para atraer viajeros con discapacidad.

Será una manera de construir destinos más completos, más preparados y con una oferta turística capaz de responder a una población internacional cada vez más diversa y envejecida.

El mercado existe.

La oportunidad también.

El reto ahora es que República Dominicana convierta las iniciativas que ya están surgiendo en una verdadera estrategia de turismo accesible, inversión y desarrollo de destinos.

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