SANTO DOMINGO. – La construcción vuelve a ocupar un lugar central en la economía dominicana. Después de varios años marcados por tasas de interés elevadas, mayores costos de materiales y una ralentización de algunas inversiones, el sector privado comienza nuevamente a tomar protagonismo y a convertirse en uno de los principales motores de la actividad económica.
El economista Jaime Aristy Escuder destacó precisamente este comportamiento durante su participación en La Semanal con la Prensa, al señalar que la construcción, particularmente la inversión privada, ha sido determinante para explicar el mejor desempeño de la economía dominicana durante 2026.
La relevancia del dato va más allá de las cifras del sector. Cuando la construcción acelera, también se mueve una extensa cadena de actividades que incluye fabricantes y distribuidores de materiales, bancos, fiduciarias, arquitectos, ingenieros, contratistas, inmobiliarias y cientos de proveedores vinculados a cada proyecto.
La inversión privada vuelve al terreno
Aristy Escuder resaltó que inicialmente las perspectivas apuntaban a un crecimiento económico inferior al 3 %, mientras que ahora la proyección para el cierre de 2026 se sitúa alrededor del 4.5 %. A su juicio, el repunte de la construcción privada forma parte de las razones que explican esta mejora.
El dato resulta especialmente importante porque la construcción fue durante años uno de los grandes motores de la economía dominicana. Su comportamiento tiene un efecto multiplicador que pocas actividades logran alcanzar.
Cada nuevo residencial, edificio comercial, hotel, proyecto turístico o desarrollo urbano genera demanda de financiamiento, materiales, mano de obra, transporte, servicios profesionales y equipamiento.
Por eso, hablar de construcción no es hablar solamente de cemento y varillas. Es hablar de inversión, empleo, consumo y crecimiento económico.
El sector comienza a recuperar dinamismo
Los números del Banco Central también apuntan en esa dirección. Durante el primer semestre de 2026, la actividad de construcción registró un crecimiento interanual de 8.1 %, impulsada por proyectos de inversión privada, mayor inversión pública y una mejora en los procesos relacionados con los permisos de construcción.
Ese comportamiento puede marcar un cambio importante para el mercado inmobiliario.
Durante los últimos años, muchos desarrolladores tuvieron que enfrentar un escenario complejo: tasas de interés más altas, incremento en los costos de construcción, incertidumbre internacional y mayores tiempos para poner determinados proyectos en marcha.
Ahora, con una economía creciendo y una mayor actividad constructiva, el mercado comienza a encontrar nuevamente condiciones para avanzar.
El gran reto: que el crecimiento sea sostenible
Pero el repunte de la construcción también plantea preguntas.
El desafío no consiste únicamente en construir más, sino en construir mejor.
República Dominicana necesita una expansión inmobiliaria acompañada de planificación urbana, infraestructura, movilidad, servicios públicos y acceso a vivienda. De lo contrario, el crecimiento de nuevos proyectos puede terminar aumentando la presión sobre ciudades que ya enfrentan problemas de tránsito, drenaje, servicios y ordenamiento territorial.
La oportunidad está en aprovechar este nuevo ciclo de inversión para elevar la calidad de los desarrollos y promover proyectos que respondan realmente a las necesidades de cada mercado.
El inmobiliario vuelve a mirar hacia adelante
La recuperación de la construcción privada también puede interpretarse como una señal de confianza.
Un desarrollador que inicia una obra está apostando capital y tiempo a un mercado futuro. Un banco que financia un proyecto está asumiendo una expectativa de crecimiento. Y una persona que compra una vivienda en construcción también está tomando una decisión basada en lo que espera que ocurra con el entorno económico.
Por eso, cuando la construcción acelera, el mensaje que recibe el mercado va mucho más allá de una estadística.
Hay capital dispuesto a invertir.
Y en una economía como la dominicana, donde turismo, servicios, construcción e inmobiliario están cada vez más conectados, ese capital puede convertirse en nuevos proyectos, nuevos empleos y mayor actividad económica.
El desafío ahora es mantener el ritmo sin repetir los errores del pasado y conseguir que el nuevo ciclo constructivo no sea solamente más grande, sino también más eficiente, planificado y sostenible.
Porque si la construcción vuelve a convertirse en uno de los grandes motores de la economía dominicana, el verdadero éxito estará en lograr que ese impulso se traduzca también en mejores ciudades y mayores oportunidades de inversión.
Por Joan G. Feliz
Director Editorial | InCaribe Media
Especialista en turismo, inversión y desarrollo del Caribe
