Miches: ¿nuevo polo turístico o una promesa que todavía está por demostrarlo?

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Por Joan G. Féliz
Director Editorial | InCaribe Media

Durante años, Miches ha aparecido en el discurso turístico de República Dominicana como uno de esos destinos llamados a convertirse en “el próximo gran polo turístico” del país.

La frase se ha repetido tantas veces que vale la pena hacer una pregunta incómoda: ¿Miches finalmente está convirtiéndose en un verdadero polo turístico o todavía estamos hablando de una promesa?

La respuesta, a mi juicio, es que Miches ya dejó de ser solamente una promesa, pero todavía no puede darse el lujo de considerarse un destino completamente consolidado.

La diferencia parece semántica, pero no lo es.

Un polo turístico no se construye únicamente con hoteles. Se construye cuando alrededor de esos hoteles comienza a funcionar una economía turística capaz de generar visitantes, empleos, inversión, servicios, actividad inmobiliaria, comercio, infraestructura y nuevas oportunidades para la comunidad.

Y precisamente ahí es donde comienza la verdadera historia de Miches.

Esta vez hay algo diferente

Durante años, distintos proyectos fueron anunciados para Miches sin que necesariamente terminaran convirtiéndose en una realidad visible.

Hoy el escenario es diferente.

Zemi Miches abrió sus puertas con una inversión de US$225 millones, mientras Viva Miches by Wyndham inició operaciones con 538 habitaciones. A estos proyectos se sumaron Dreams Playa Esmeralda y Secrets Playa Esmeralda, que aportaron otras 1,000 habitaciones y una inversión conjunta de RD$23,000 millones.

Esto cambia completamente la conversación.

Ya no estamos hablando únicamente de terrenos con potencial, renders o anuncios de inversión. Hay hoteles operando, trabajadores, huéspedes, marcas internacionales y capital privado que ya está comprometido en el territorio.

Y cuando una cadena como Marriott anuncia proyectos que superan los US$300 millones, mientras otras grandes marcas continúan mirando hacia Miches, queda claro que el mercado internacional ya está tomando el destino en serio.

Ese quizás sea el primer gran punto de inflexión.

Pero cuatro hoteles no construyen un destino

Aquí está el punto que muchas veces se pierde en la conversación.

Que Miches tenga nuevos hoteles no significa automáticamente que ya sea un polo turístico consolidado.

Punta Cana no se convirtió en Punta Cana solamente porque abrió hoteles. El destino terminó desarrollando aeropuertos, carreteras, restaurantes, centros comerciales, excursiones, servicios, residencias, campos de golf, marinas, entretenimiento y una enorme industria alrededor del visitante.

Miches todavía está construyendo buena parte de ese ecosistema.

Y esa es precisamente la prueba que tendrá que superar.

Porque el verdadero indicador del éxito no será cuántas habitaciones pueda inaugurar Miches en los próximos años, sino qué ocurre fuera de ellas.

¿Se desarrollará una economía local capaz de beneficiarse del turismo?

¿Habrá suficientes restaurantes, comercios, transporte, excursiones y servicios?

¿Se generará un mercado inmobiliario capaz de atraer compradores nacionales e internacionales?

¿La infraestructura crecerá al mismo ritmo que las inversiones privadas?

¿Podrá el municipio absorber el crecimiento sin perder la identidad que precisamente hace atractivo al destino?

Esas preguntas son mucho más importantes que cualquier cifra de habitaciones.

El capital ya llegó

Hay un elemento que juega claramente a favor de Miches: la inversión dejó de ser una expectativa.

Desde hace varios años el Gobierno y el sector privado trabajan en un esquema de desarrollo turístico para la zona. En 2021 se anunciaron compromisos privados superiores a US$1,000 millones, con miles de habitaciones hoteleras y residenciales proyectadas.

Pero el dato más importante es que algunos de aquellos anuncios ya comenzaron a convertirse en activos reales.

Eso genera confianza.

Y la confianza atrae más capital.

El anuncio de dos nuevos hoteles Marriott por más de US$300 millones demuestra precisamente ese efecto. Además, Promiches ha presentado nuevos proyectos que incluyen marcas como JW Marriott y Autograph Collection, junto con desarrollos residenciales y comerciales.

Cuando diferentes inversionistas comienzan a apostar simultáneamente por un mismo territorio, el fenómeno deja de depender de un solo proyecto.

Se comienza a crear un mercado.

El verdadero negocio puede estar fuera del hotel

Para mí, aquí está una de las grandes oportunidades de Miches.

El destino puede convertirse en algo más que un corredor de resorts todo incluido.

Puede desarrollar una nueva generación de turismo inmobiliario de lujo.

El visitante que llega hoy a un destino puede convertirse mañana en propietario. Y detrás de cada propietario aparecen nuevas necesidades: restaurantes, supermercados, servicios médicos, mantenimiento, transporte, entretenimiento, actividades deportivas, experiencias de naturaleza y espacios comerciales.

Ese proceso transforma un destino turístico en una economía permanente.

Y Miches tiene una ventaja que otros destinos dominicanos tuvieron que sacrificar durante su crecimiento: todavía dispone de espacio para planificar.

No necesita copiar exactamente el modelo de Punta Cana.

Puede aprender de él.

El lujo de Miches puede estar precisamente en lo que todavía no tiene

Miches tiene algo que resulta cada vez más difícil de encontrar en el Caribe: baja densidad, naturaleza, playas extensas y una sensación de territorio todavía poco intervenido.

Eso puede convertirse en su principal activo.

El nuevo lujo turístico ya no consiste exclusivamente en construir edificios más grandes o resorts más sofisticados.

Para una parte importante del mercado internacional de alto poder adquisitivo, el lujo también significa privacidad, naturaleza, tranquilidad, sostenibilidad y experiencias auténticas.

En ese sentido, Miches tiene condiciones para construir una propuesta diferente.

No necesariamente debe competir con Punta Cana por volumen.

Puede competir por calidad, exclusividad y experiencia.

La infraestructura será el examen definitivo

Aquí está uno de los mayores riesgos.

No tiene sentido atraer miles de nuevas habitaciones si las carreteras, el suministro de agua, la energía, el manejo de residuos, la movilidad y los servicios públicos no crecen al mismo ritmo.

En los últimos años el Estado ha avanzado en infraestructura para acompañar el desarrollo turístico, incluyendo obras de acceso, acueducto y manejo de residuos. También se han anunciado nuevas intervenciones para continuar fortaleciendo la zona.

Pero la infraestructura turística no puede diseñarse únicamente pensando en el hotel.

Debe pensarse en el destino.

Porque cuando llegan los residentes, trabajadores, propietarios, visitantes y proveedores, la presión sobre la infraestructura cambia completamente.

Miches tendrá que demostrar que puede crecer sin que el crecimiento termine deteriorando precisamente aquello que hizo atractivo al territorio.

El gran riesgo: convertirse en otra promesa

Miches ya tiene algo que muchas otras zonas turísticas dominicanas tardaron décadas en conseguir: marcas internacionales, inversiones millonarias y hoteles operando.

Pero precisamente por eso las expectativas ahora son mayores.

El riesgo ya no es que los proyectos no lleguen.

El riesgo es que lleguen los proyectos, pero no se construya alrededor de ellos un verdadero destino.

Un polo turístico necesita vida.

Necesita empresarios locales.

Necesita restaurantes.

Necesita excursiones.

Necesita comercio.

Necesita vivienda.

Necesita servicios.

Necesita conectividad.

Necesita trabajadores capacitados.

Necesita inversión pública sostenida.

Y necesita, sobre todo, que la población local sienta que el turismo también está construyendo oportunidades para ella.

El propio discurso oficial sobre el desarrollo de Miches ha comenzado a insistir en que la riqueza generada por el turismo no puede quedarse únicamente dentro de los hoteles, sino que debe alcanzar a taxistas, artesanos, emprendedores y familias de la comunidad.

Ese será uno de los indicadores más importantes para medir el éxito real del proyecto.

Entonces, ¿Miches será un polo turístico?

Mi respuesta es sí, Miches tiene hoy muchas más posibilidades de convertirse en un verdadero polo turístico que de quedarse como una promesa.

Pero todavía falta una parte fundamental de la historia.

Los hoteles ya comenzaron a demostrar que existe demanda.

Los inversionistas ya demostraron que existe confianza.

Las grandes marcas ya demostraron que existe interés.

Ahora le toca al territorio demostrar que puede convertirse en destino.

Porque una cosa es tener hoteles en Miches y otra muy diferente es tener turismo en Miches.

La primera ya es una realidad.

La segunda todavía está en construcción.

Y esa diferencia será la que determine si dentro de diez años estaremos hablando de Miches como uno de los grandes destinos turísticos del Caribe o como otro capítulo de proyectos que prometieron transformar una región y nunca terminaron de hacerlo.

Miches tiene una oportunidad que pocos destinos tienen: crecer prácticamente desde cero con la posibilidad de aprender de los errores de quienes llegaron antes.

No necesita ser otro Punta Cana.

Tampoco necesita competir por cantidad de habitaciones.

Su oportunidad está en construir un modelo diferente, donde turismo de lujo, naturaleza, sostenibilidad, infraestructura y turismo inmobiliario puedan desarrollarse de manera coordinada.

El capital ya llegó. Los hoteles ya abrieron. Las grandes marcas ya están mirando.

Ahora comienza la parte verdaderamente difícil:

convertir una inversión turística en un destino turístico.

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